EL MATACÁN: Cámaras de visillo

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Cámaras de visillo  

     Llega la ansiada noticia de la pronta disposición de cámaras en calles, accesos y edificios públicos en Carmona. Serán, nada más y nada menos, treinta y siete los objetivos que nos vigilarán de manera permanente. Gratis no saldrán. Serán doscientos treinta mil euros del ala los que pagaremos por nuestra seguridad. Eso dicen los contratantes del Gobierno Local. A estos dispositivos de control callejero, hay que sumarle la patrulla fantasma de drones, que vuelan tan alto que todavía no hemos visto ninguno, salvo que, por aquello del camuflaje, vayan disfrazados de tórtolas. A unas y otros –cámaras y drones- no les tengo afección alguna, salvo para usos muy concretos, puntuales y de manera supervisada por agentes con autoridad judicial y/o servicios de emergencias. Otra cosa es su disposición en el área privativa, lo que se dice de puertas para adentro, donde uno hace la real gana sin involucrar al vecino.

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     No crea que la neo vigilancia próxima es novedosa en Carmona, al igual que en otros lugares de similar característica emocional. Y no son treinta y siete las filmadoras de lo que acontece a diario, sino centenares las dispuestas y que ejercen de toda la vida sin marchamo gubernamental. Son las llamadas viejas del visillo, aunque habría que añadirles también el masculino, porque haberlos haylos, a manojitos. Su agudeza visual es inmejorable, tanto diurna como nocturna, incluso algunas disponen de infrarrojos de primera generación, que traspasan cortina, visillo, batiente, hoja, alfeizar… y todo lo que se ponga por delante. Las de segunda generación -con bata de guatiné incluida o batín acolchado- se distinguen por sofisticada antena y zoom incorporado. Las dos disponen de grabadora y wifi instantáneo para todo el vecindario.


Sin nombre4          Gracias a estas cámaras hogareñas nuestra seguridad ha estado a salvo, excepto en contadas ocasiones, en los que el sueño ha podido más que el susurro de los rateros, y fallara, por resfriado, el olfato del chiguagua adoptado. No obstante, su eficacia ha sido total en el espionaje exterior. Así, conocimos los amores secretos del carnicero que, a hora intempestiva, sofocaba a destajo suculentas carnes rojas. Supimos, de la enfermera de guardia, su querencia  al bingo y loterías varias –incluida la especial de Cruz Roja-, con tendencia permanente al rasca y gana. Distinguimos de lejos al funcionario absentista de compras en horario laboral. Identificamos con todo detalle el grupo de adolescentes que, bragas abajo, miccionan en el esquinazo.  Averiguamos la falsa cojera del pescadero que, más derecho que una vela va calle arriba, y casi a diario, con morazo de combinados. Descubrimos al rallador de coches del barrio, que resultó ser autónomo de negocio de chapa y pintura…

Sisi

     Las viejas cámaras del visillo tienen los días contados en Carmona. Las nuevas tecnologías se imponen para estar más seguro. Así lo propagan quienes apoyan los dispositivos de control callejero, a los que detesto; a unos y a otros. Confío más en una patrulla de buenos funcionarios policiales, que conocen de cada distrito a los supuestos cacos y delincuentes, que estar inmerso como extra en una película continua que graba la intimidad personal cuando uno cree circular por la calle disfrutando de la libertad sin ser observado. Y, sobre todo, no me fio de quienes, teniendo acceso a las grabaciones, pudieran usarla para provecho propio en particulares circunstancias. De todo hay en la viña del señor, y de sobra es conocido aquello de la información privilegiada, que tantas fortunas dejó a buen recaudo. Al que le guste chupar cámaras, fotos, vídeos, selfis… estará orgulloso de participar en el reparto y el guión. A la hora de elegir, me decanto, sin duda, por la vieja del visillo y la tórtola.   

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