Ya huele a… elecciones. Ya huele a… Feria. Ya huele a… voto. El más próximo, por correo; un voto que tiene su mijita de guasa, porque no se ve al votante que introduce la papeleta en el sobre que, a su vez, es introducido en otro sobre con epígrafe de intermediario y contenedor de documentos varios; como el certificado censal, la fotocopia del DNI… lo que se denominaba, hasta hace poco, burocracia pura y dura. En los tiempos que corren, no todo el mundo está preparado –salvo ayuda de gestoría- para llevar a cabo la operación, por mucha web infoelectoral que disponga el Estado. Así, tantos y tantos mayores, y no tan mayores, que tienen dificultades para realizar similares asuntos de carácter bancario o telemático, pasan, en el ámbito electoral, al cómputo de la abstención.
Antes de la aparición generalizada de móviles y cajeros automáticos anti obrero, en las primeras elecciones democráticas, lo del voto por correo era todo un guirigay exclusivo para militantes con cara de hormigón. Recuerdo una señora del lugar que acopiaba centenares de sobres de la estafeta para que pudieran votar los ancianos de residencias varias, naturalmente como ejercicio de Caridad, además de completar tal virtud con las monjas claustrales, novicias y similares. En tan primitivos tiempos democráticos carmonenses –hablamos de finales de los setenta y principios de los ochenta del pasado siglo-, nada de extraño parecía tan voluntariosa labor en pro de la participación ciudadana de la España nueva.
Poco duró la fe depositada en tan honorable militante (militanta me suena fatal), al descubrirse que era la encargada del voto por correo de determinado partido político. Su éxito era abrumador en las mesas electorales en las que el voto, llegado a través del cartero, era significativo en distritos de carácter conservador. El rodaje de los interventores hizo que se acabara aquel runrún de: “Espera que lleguen los votos por correo, que ahí sacamos un concejal”. No sé cómo andará la situación actual en este tipo de iniciativas caritativas de ayuda al prójimo con el voto, pero si el ex presidente norteamericano Trump, ya se dejó caer con denuncias de fraude en su país, nosotros no vamos a ser los angelitos de las urnas, conociendo la proliferación de personajes autóctonos de monipodio. Con ello, no pongo en duda el sistema, pero a tenor de lo que se ve y se lee a diario, hay que estar muy atentos por si acaso te meten un cupón ilegal en sobre oficial de la ONCE.
Como ya huele a Feria, hay que ser aún más cautos en esto del sobre con papeleta incluida. En Carmona, rara es la ocasión en la que las elecciones se hayan celebrado sin marchamo ferial. La feria carmonense tuvo su épica histórica cuando se inició monárquica y acabó republicana. Por ello, sería conveniente que el lunes de resaca fuese día de reflexión tras una semana de rebujitos. Porque la feria en materia política es de rebujito total. Tan es así, que los responsables protocolarios de las casetas reciben a todos los candidatos cual Bienvenido Mister Marshall, no vaya a ser que gane el que menos te lo esperes y te quedes sin subvención. Ya me veo al personal con sonrisa de oreja a oreja, faralaes, abanicos, pulseras… Y prepárense para el acompañamiento oficial desde la caseta municipal a Matahaca. La lista puede ser interminable, desde Moreno Bonilla y consejerías varias, hasta los conserjes de las conserjerías del Parlamento. Adláteres y abrazafarolas no faltarán, se lo aseguro. Una copa de rebujito y… apúntalo en la cuenta que lo pagan las eléctricas. A la despedida, el sobre con la papeleta no faltará: Gracias por el detalle, ya he votado por correo.