Aunque hay disparidad de opiniones entre el periodismo especializado sobre la necesidad del debate electoral, me inclino por aquellos que lo defiende como elemento consustancial en democracia. No son imprescindibles, pero sí oportunos como herramienta de selección. Lejos de los debates programados a modo de escenarios circenses, de maquillajes cosméticos y perfiles pugilísticos, el modelo al que me refiero en predilección pasa por el que tiene como objetivo un conocimiento más profundo de los aspirantes a gobernantes; su preparación para ejercer el poder, currículo, condición, moralidad, debilidades, fortalezas, pretensiones…y proyectos. Se trata pues de disponer de un derecho u obligación para que el ciudadano que acude a las urnas escoja la papeleta con la convicción de que elige al mejor. Y en este tipo de encuentro, entre candidatos, las premisas pasan por la comparecencia pública, la confrontación entre adversarios y las preguntas de los periodistas y público, sobre todo, las incómodas.
Hasta hoy, a cuatro jornadas de las elecciones municipales en Carmona, no hay anunciado debate alguno entre los cabeceras o líderes de las fuerzas políticas en liza. Por tanto, los carmonenses nos tendremos que conformar con lo que hay. Entre los recursos disponibles para análisis de propuestas de aquellos que pretender alcanzar el poder municipal, tenemos el buzoneo en sus variopintas y diversas vertientes. Así, el formato sencillo, de tamaño folio –venido a menos por su escasa repercusión- da para poco más que conocer la imagen principal del candidato/a, la lista electoral en foto DNI y un esquemático apunte de intenciones varias. En pliego, para offset profesional y papel cuché, de aceptable gramaje y encuadernación con grapas, se presenta como otra modalidad publicitaria que, a modo de catálogo fotográfico y turístico, difunde sin siglas: panorámicas monumentales de la ciudad, maquinaria, floristería urbana, cabalgatas, auditorios… hasta bocetos de arquitectura visual.
Como novedad, con respecto a pretéritos comicios de andar por casa, se proyectan, en dimensión celular, vídeos domésticos; cortos de arte y ensayo –como se decía en tiempos del Súper 8- de meritoria factura. Entre este tipo de cinematografía, con actores y guion amateur, me quedo con el de “quedan taitantos días para que…”, en recuerdo de reclamos tradicionales y adicciones festivas o efeméride al uso. Con vitola de última generación, la publicidad electoral llega con la espectacularidad de cámara sobre dron que, a ojo de quíquili, enseña Carmona desde las nubes gracias a los que están en las mismas y no pisan el suelo desde hace décadas.
Como la cosa no tiene remedio, y a pocos les importa un rábano debate alguno entre candidatos -que justificarán victorias o derrotas tras los resultados del próximo domingo- no me quedo con las ganas de realizar alguna pregunta incómoda en un hipotético encuentro.
Así, a vuela pluma: ¿Sabe dónde está la calle Libertad? Qué propuestas traen para mejorar las dos estaciones de ferrocarril; la nueva línea de autobuses; la modernización de las almazaras y el Hospital Municipal de San Pedro; el matadero comarcal; las dos compañías eléctricas del pueblo; el paseo de Elías Luna y la Alameda de Alfonso XIII; los patronatos para la infancia; el complejo algodonero de Hytasa, la Beneficencia Médica; la Policía Rural; el Plan de Reforma Agraria para los jornaleros; los programas del Ateneo, el Centro Cultural y la Casa del Pueblo; los proyectos de nuevas escuelas e Instituto Nacional… la Banda de Música Municipal. Lo siento, me equivoqué de siglo y de REVISTA; todo un guiño surrealista de la fuerza ciudadana que gana de siempre las elecciones en Carmona: la abstención. Por algo será.