Tiene el callejero de Carmona un rico nomenclátor con muchas posibilidades de interés, tanto históricas como literarias, para ser materia de estudio entre los investigadores locales. También podría ser objeto de curiosidad, para aquellos que, sin disponer de master alguno, sientan necesidad de despejar dudas e incógnitas cercanas cuando pasean por calles del barrio. Por ello, acerco la temática, como incentivo, a quienes estén en disposición de invertir pasatiempo y escudriñar el legado viario para dejar constancia del mismo para futuras generaciones. De hecho, en los últimos tiempos, la moda oficial pasa por facilitar a los vecinos alguna información cerámica en la rotulación de calles, plazas y plazuelas, con preámbulo profesional del agraciado: Calle del pintor…; Plazuela del policía…; Rotonda del fontanero…; Plaza del payaso… Así, la gente conoce algo más del que se dedica ese trozo de Carmona y da lugar a recordarlo en su contexto vital.
El argot popular carmonense siempre fue por delante de referencias protocolarias, por mucho que los políticos de turno hayan querido suplantar la realidad. Para entendernos mejor, y no caer en academicismos: la calle del Caño, seguirá siendo la calle del Caño por mucho beato o santo que la bendiga. Lo mismo pasa con la Plaza de Arriba –de reciente protagonismo en esta columna-, por mucho rey que se nombre. Al igual que el Paseo, que mantendrá título como Paseo, sea del Príncipe de Vergara, de Elías Luna, de José Antonio Primo de Rivera, del Estatuto… y lo que venga. En esta larga lista incluimos la calle González Girón, que siempre será de Carpinteros; la calle Ramón y Cajal, por siempre del Palomar; la calle Hermana Concepción Orellana, desde el califato, Albollón; la plaza de España, desde tiempos del “Rerre”, el torero, Plaza de Toros o Cagaero… hasta la pija Ciudad de los Niños, desde tiempos decimonónicos, Tiro Pichón. No entro en la denominación de la calle Urbano X, por respeto al Estado vaticano local y por razón reiterada de incultura municipal. Sí se apunta de nuevo cuño, la calle Domínguez de la Haza que, vox populi, adquiere en rótulo Domínguez de los Baches.
Puestos a propiciar debate, o simplemente, crear ambiente reflexivo, que falta nos hace a todos por aquello de las actuales calores, saco a colación algunas muestras de un callejero no tan lejano que merece la pena recordar. Por el barrio de San Felipe: la calle del Mirador, la calle Peñuelas, la plaza de Nieto, la calle Imperial, la calle del Horno de Palomano… Por Santiago: plaza de Quiebra Garrillos, calle San Antón, calle del Cementerio, calle Estrella de Santiago, calle Puerta de Córdoba, calle Orden… Y más céntricas: calle de Oficiales, Plaza del Vino, calle Santa Catalina, calle de la Cárcel… Podemos seguir hasta el hartazgo, arrabal incluido, donde siempre destacó la calle Sucia, pero, le dejo la iniciativa para aportar lo que le plazca; los termómetros superan los cuarenta grados y es necesario refrescar el cerebro.
Pocos sabios de esta villa han dedicado tiempo, tinta y pluma a este patrimonio que no deja de ser historia con mayúsculas. A lo mejor, algún responsable de la actual Cultura carmonense repara en ello y propicia el conocimiento del viario donde residimos. De momento, sigo sin saber a ciencia cierta por qué se denominan así: la calles Cadenas, Bodeguilla, León de San Francisco… ¿tal vez, esclavitud? ¿lugar de vino? ¿zoológico franciscano? Hay para todo un Curso de Verano con mayúsculas. Se abre la matrícula. Gratuita por supuesto. Estamos en campaña electoral. Al menos, en el callejero se recuperó la Democracia, que trabajito costó.