EL MATACÁN: El don Juan

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Sin nombre


El don Juan


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     Por estas fechas, si no recuerdo mal, el teatro español tenía cita obligada con don Juan. Sí, el Tenorio. No confundamos al personaje con otros don juanes conocidos y ataviados de disfraces similares al original, como aquellos que tuve la oportunidad de conocer en directo: los componentes del famoso coro puertorrealeño “Los don juanes de Zorrilla”, allá por el año 1966. Así que motivado por el encuentro teatral de temporada y rememorando aquel Estudio 1 de TVE de la misma añada, con Paco Rabal y Concha Velasco como protagonistas, levanto telón aprovechando que Carmona es hoy permanente espacio teatral, cinematográfico, incluida tramoya, sin premio. Esta última acepción referida a “Enredo dispuesto con ingenio, disimulo y maña”, tal y como lo establece el diccionario de la RAE. Y sin más pausa, cierro al tráfico el centro histórico carmonense para tan noble causa en honor a don Juan. Acción.


                  Don Juan, con antifaz, sentado a una mesa de La Noria -bodega refugio de los norios tabernarios- ve pasar un grupo de discordantes adversarios provistos de pancartas reivindicativas: “¡Cuál gritan esos malditos! / ¡Pero mal rayo me parta / si en concluyendo la carta / no pagan caros sus gritos!”. Próximo a él, Ciutti (criado de don Juan) comparte confidencias laborales con otros del gremio popular: “No hay prior que se me iguale; / tengo cuanto quiero, y más. / Tiempo libre, bolsa llena, / buenas mozas y buen vino. / Cuerpo de tal, ¡qué destino! / Y todo ello a costa ajena” /. Corten. De seguida, el elenco atraviesa Plazarriba para entrar por Vendederas y al pasar por Panaderas… Acción: “Al doblar la esquina / en esa reja vecina / he visto un hombre…/ Es verdad; pues ahora sí que es mejor el lance /. Por allí asoma / tras de la reja una dama./ Preciso es verlo, pardiez, / no perdamos lance y fama. / tú con varios de los míos, / por Elio Antonio escurríos / y esperadme en las Descalzas. /


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     Cayendo la noche queda despejada la plazuela del convento y las calles próximas. Los focos alumbran los muros. No hace falta escalo. La puerta está entreabierta tal y como se acordó con Brígida, la alcahueta. Momentos de pasión, pasión por Carmona. Acción: “Cálmate, pues, vida mía; / reposa aquí, y un momento /  olvida de tu convento / la triste cárcel sombría. / ¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor, / que en esta apartada orilla / más puro el lucero brilla / y se respira mejor? /. No da tiempo a continuar el diálogo, pues la camarilla guardaespaldas irrumpe entre aplausos y ovaciones a un don Juan que se viene arriba y propone, tras la romántica hazaña, un brindis en la barra del afamado Forum, sito en la Calle de la Cárcel: “Mas yo, que no creo que haya / más gloria que esta mortal / no hago mucho en brindis tal; / mas por complaceros, ¡vaya! / Y brindo a que Dios te dé / la gloria, va por ti, Carmona. /


Voy

                                             

La madrugada avanza al compás del gin tonic, camino de la prioral, donde a sus espaldas aguarda el escenario de un final trágico en la Calle del Cementerio. La niebla y los vapores se hacen notar en el ambiente. Las gárgolas de Baldomero serán testigos de un epílogo de liberación sublime. El amor de don Juan ha muerto. Arrepentido de una vida sin escrúpulos, sube a los cielos junto a su amada. Provisto de arneses, Tenorio es ascendido hacia la torre, con proclama incluida de una pasión sin matrimonio, pendiente de Patrimonio. Acción: “Llamé al cielo y no me oyó; / y pues sus puertas me cierra, / de mis pasos en la tierra, responda el cielo, y no yo.” Cae el telón.




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