Tras el Jalogüín, el Black Friday, el Latín Grammy y el Tutti Baracalofi, la verdad es que tenemos presentes las luces navideñas para que, a la vuelta de la esquina, entonemos el Merry Christmas, vulgo Felices Pascuas de antaño. En tiempos nuevos, las expresiones adquieren matices distintos, tanto en Carmona como en sus proximidades geográficas, entre ellas: “Ya no hay ni primavera ni otoño. Y llevan razón quienes aseveran tan extremista postulado estacional que sólo admite al verano y al invierno en el calendario meteorológico natural. De momento, las camisetas interiores de tirantas no han tenido tiempo de lucirse a lo Freddie Mercury, por lo que dispondremos las de manga larga enguatá hasta el Domingo de Ramos. Lo mismo pasa con las comidas de Navidad, que vienen celebrándose desde el Día de la Hispanidad y la compra del décimo cuando aún no le ha dado tiempo al ibérico a disfrutar de la montanera.
La parroquia asume sin más reflexión esta excesiva velocidad en acaparar acontecimientos, sean con las papeletas de sitio en la cofradía del barrio, la plaza de comensal para la caseta de Feria o el billete playero para el puente de la Asunción. Esta reciente corriente filosófica de adelantarse al tiempo -lo que no deja de ser una ficción- la denomino “siouxismo”, la misma que practicaban aquellos nativos americanos, nómadas tras el búfalo, que creían poder adelantarse al tiempo, sobre todo con el poder del deseo. Y el deseo era para ellos un caballo como el que montaba su jefe, Caballo Loco. Ojalá recuperásemos aquella quimera, sobre todo para hacer frente a la escuela filosófica antagónica: el “tardismo”, propiciada por la Junta de Andalucía, cuyo máximo exponente en Salud desarrolla una variable: “tardismo crónico”.
Le explico -por aquello de facilitar entendederas- que esta ideología tan cercana se caracteriza por atrasarse al tiempo -toda una realidad- y nos acerca a hablar con el Gran Espíritu, como hizo Caballo Loco. Por ejemplo: si requiere servicio de quirófano para una intervención en órgano vital, la rémora oficial es, mínimo, de seis meses. Si la urgencia no es perseverante, la cuestión pasa al “largo me lo fiais”, por lo que le dará tiempo en lista de espera para la adquisición del décimo de Navidad, del Niño, de San Valentín, de Primavera, del Padre, de la Madre… que los parió y, como apoyo móvil, la papeleta de Cruz Roja. Se trata de una ilusión para esquivar el ser huésped de tanatorio; lugar, por cierto, donde no hay que reservar día y hora para tan magno acontecimiento. Eso sí, que el familiar más cercano prepare la cartera sino quiere cargar con el muerto y la factura. En esta situación, los dakotas fueron más afortunados.
Como estamos en “pre-navidad”, habrá que adaptarse a la actual corriente del “pre” y prever lo que aún está por llegar. Como preámbulo, felicitar al preboste de turno, con precaución, no vayan a tacharnos de pelota, sin que sirva de precedente. Le seguirá, el cumplir con los preceptos sociales y valorar los precios sin precipitación y precisión. La continuidad será el preñarse de presentes sin presiones, dejar la prestidigitación sin presumir de presupuesto con la pretensión de prevaricar. Por último, pedir un préstamo para hacer frente al pretérito débito, a sabiendas que la prevención puede llegar por impago. Así que, prevéase de paciencia que todo llegará en su día, como dispone la Naturaleza. Adelantarse al tiempo no va con nuestra cultura. Si decide lo contrario, está en su derecho, pero no olvide que también está haciendo el indio.