Como hace casi un siglo, el Arrabal carmonense puso anoche señas de identidad a un festejo que, aparte de condecoraciones institucionales como Fiesta de Interés Turístico de Andalucía, se hace cada año más popular en cuanto a participación y jolgorio. Una comitiva revestida de singularidad por los detalles artísticos y, sobre todo, por el escenario monumental que sirve de magno encuentro entre presente e historia. Ver discurrir junto a las murallas y arcos de piedras milenarias a embarcaciones de antiguas civilizaciones, junto a un tiovivo de feria, a un volcán prehistótico, a delfines, doseles reales... es todo un lujo para una efímera noche de ensueño. Y, todo ello, salido de las manos artesanales de una legión llamada Giraldilla, formada por carmonenses que, desde hace décadas, mantienen la antorcha de la solidaridad y entrega con su pueblo. Aquí, una muestra de su actual legado, el de 2024.