Nuestro Padre ya está en casa

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Nuestro Padre ya está en casa


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    Después ocho meses sin la presencia en la iglesia carmonense de San Bartolomé de la talla de Nuestro Padre -una de las imágenes de mayor devoción en Carmona- ha vuelto la felicidad al cuerpo de hermanos de la Cofradía de los Nazarenos: “Hoy es un día especial para todos””. Así, lo manifestaba el hermano mayor de la corporación,  Juan Manuel López Ruiz que, en la bancada más próxima a la imagen, interiorizaba los intensos momentos de verla de nuevo en la cercanía y en todo su esplendor. Alrededor, algunos distinguidos cofrades, cámaras en ristre y emociones contenidas, hacían de permanente guardia y pormenorizaban sobre detalles de una obra al alcance terrenal y espiritual.

       La vuelta a casa de Nuestro Padre, llega a su periplo final: “Un esfuerzo que ha merecido la pena para conseguir una necesaria restauración, y muy contentos por el resultado de la misma que ha realizado Pedro Manzano”, prosigue Juan Manuel. Durante estos ocho meses, se ha notado la ausencia de la imagen. Sin su presencia, “algo te falta, a los hermanos y a cuantos devotos se han acercado al templo y la han echado de menos, porque es una imagen que se extrapola fuera de la hermandad y de Carmona". 


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   El esplendor de la talla, sin la cruz, dispuesta así con objeto de realzar el trabajo de restauración, se hace patente a pie del presbiterio; una tarea de escrupulosa labor artística y técnica que ha tenido un coste en torno a los 30.000 euros, afrontado con una subvención de la Junta de Andalucía con un 80 % y de los recursos de la propia hermandad, con un 20%.  Se trata de un capítulo presupuestario que ejecuta la corporación de manera continua ante el importante legado patrimonial recibido de tiempos inmemoriales, “tenemos que mantenerlo, restaurarlo y conservarlo para el futuro”, afirma López Ruiz.

     Con un sencillo acto litúrgico de acción de gracias, celebrado hoy al mediodía, a cargo del sacerdote y director espiritual de la hermandad, José Ignacio Arias García, Nuestro Padre recobra veneración en su templo hasta la Cuaresma, en la que adquiere dimensión popular por las calles sobre sus andas.





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