El Ayuntamiento de Carmona dispone desde hace décadas de personal dedicado a la información municipal. Su objetivo -como centro neurálgico administrativo de la ciudad- : el tener a los carmonenses al corriente de lo que sucede y una puesta al día de cuantos aspectos pudieran interesar a los vecinos en general. Naturalmente, como no podía ser de otra forma, este personal fue y ha sido nombrado bajo el epígrafe “de confianza”, al servicio del Gobierno Local, aunque para ser más exactos, bajo la exclusiva tutela del alcalde.
En su día se llamó Gabinete de Prensa, o algo parecido. Creo recordar que, sin la autorización expresa del regidor, nadie de la Casa Consistorial podía dar información a ningún medio de comunicación. Todo pasaba por el colador de su ilustrísimo, por lo que cualquier asunto ajeno o contrario a los intereses de la Alcaldía quedaba fuera de la órbita transparente que requiere el periodismo en un sistema democrático. Ni que decir tiene que la oposición se quedaba, no a dos velas, sino en penumbra total sobre el uso de este servicio que pagamos todos los carmonenses, sean del color que sean.
Los tiempos cambian… pero a peor. A peor, tanto para los periodistas profesionales, que se ven obligados a transcribir lo que el jefe le ordena, en tiempo, forma e interés especulativo -cual escribanos sin posibilidad de ejercer en libertad-, como para los paganos que se tragan lo que le echen, sin ningún tipo de disentimiento o contraste, ya sea desde la bancada opositora o de sectores ajenos a la política. La participación ciudadana quedó como un referente en los libros de buenas maneras y en la arqueología de una Transición ya momificada entre reyes, eméritos, príncipes, princesas, infantas, iglesia, multinacionales… y un largo etcétera cuyo denominador común asoma como un iceberg en cuya punta ondea la bandera de la corrupción.
El periodismo fue un puntal clave en el derrocamiento de la dictadura franquista. Aquellas multicopistas portavoces de la realidad popular, que sirvieron, como decía aquel recordado Presidente para "elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es plenamente normal". Hoy, aquel puntal se ha reconvertido en moneda de cambio de la manipulación informativa que lleva a la sociedad a desconocer la realidad de lo que sucede. Y todo al servicio del poder, ya sea político, empresarial o mafioso, que controlan la información para silenciar la realidad o cambiarla.
En nuestra cercanía, la información municipal, la del Ayuntamiento de Carmona, ha ido degenerando desde aquellos boletines con mayoría de apisonadora –de las que guardo archivos y recuerdos de pleitos judiciales personales-, a la actualidad, que no es otra que la del secuestro. A las pruebas me remito: La página oficial del Consistorio carmonense, dispone de una pestaña con el título de “Noticias” a la que se puede acceder para conocer la “Actualidad” en la ciudad. Con una simple observación, esta ventana ha ido disminuyendo de contenido, hasta tal punto que hoy es un residuo. Por el contrario, la tarea periodística y sus recursos públicos han ido a parar a la ventana personal y exclusiva del móvil-facebook del alcalde. Todo un secuestro que obliga al ciudadano a engullir todo aquello que a su ilustrísima le interesa que se conozca, desde las múltiples visitas de amigos consejeros, incluido el de Salud y el de las Fotovoltaicas, hasta el rescate de un gato en una palmera. Una realidad que nos trae viejos recuerdos de cuando íbamos al cine y antes de la película en sí… sonaba el himno informativo del régimen y aparecía en la gran pantalla: NO-DO.