Esta mañana, entre torta inglesa y Liptón, la patrona me avisó del acertado pronóstico del tiempo, del que todo el mundo conversa como si la Meteorología fuese ciencia doméstica. La lluvia no me acongoja, la niebla menos, pero este molesto viento que sopla ahí abajo en el foso defensivo, me incomoda, sobre todo porque me deja sin paraguas cada vez que cruzo el arco. Aprovecho una escampada y enfilo el repecho hasta la que siempre fue coqueta mudéjar, y que hoy espera paciente en recuperar su tocado renacentista.