Apagadas las velas y los cirios, recogidos enseres e imágenes en sus respectivas capillas, la normalidad urbana vuelve a Carmona. Este año, sin gran desequilibrio poblacional durante la semana vacacional debido a las inclemencias climatológicas desfavorable para los desfiles y más que beneficiosas para el campo y los embalses. Por un lado, la pesadumbre del obligado encierro diario entre las paredes del hogar y, por otro, la satisfacción de que el agua caída nos permitirá consumirla sin restricciones el próximo verano. Lo contrario, hubiese supuesto un auténtico calvario para los miles de andaluces con los acuíferos secos, la llegada de los barcos cargados del vital elemento, y del suministro en las funestas pipas; situación que los carmonenses vivieron hasta la crucifixión hace ya 50 años.
Me imagino que los actores principales de las pasadas fiestas, analizarán y evaluarán todo lo concerniente a responsabilidades, desde el primer edil, su Gobierno, los Servicios Municipales, la Iglesia, el Consejo de Hermandades y Cofradías, el gremio de Hostelería y, con toda seguridad, las Fuerzas del Orden. Como el contenido de los informes y valoraciones, no se harán públicos, si sería conveniente que, por razones de transparencia, vieran algún día la luz fuera de los despachos. Y, a su vez, casi por necesidad, añadir a los expedientes la opinión de la ciudadanía que vive los acontecimientos extraordinarios en su entorno y se ven obligados a modificar los hábitos de vida de manera temporal. Tal vez, la expresión de “zapatero a tus zapatos”, pudiera ser respuesta a las observaciones citadas con anterioridad, pero la réplica estaría en otra con idéntico calado: “en casa del herrero, azadón de palo”.
Como entre el zapatero exclusivista y el herrero negligente hay una amplia gama de juicios, aprovecho la columna para expresar valoraciones, que coincidirán en parte con las suyas. Si no es así, tampoco hay problema, todas deberían incluirse en el saco común al que llaman opinión pública. En un primer apartado constitucional, se hace necesaria la separación de la Iglesia y el Estado, ya que la presencia de representantes de los poderes públicos, incluidos alcaldes, Corporaciones municipales, militares… en las manifestaciones religiosas no favorecen la concreción universal de un Estado laico. Su asistencia sólo tendría sentido si es a título individual y voluntario, como cualquier ciudadano que, con papeleta de sitio, forma parte del cortejo sin ostentar representación pública. Así, lo han sostenido eminentes personalidades en asuntos religiosos y derecho eclesiástico, cuando apuntaban la necesidad de una ley sobre neutralidad que regulase la participación de cargos públicos en ceremonias religiosas. De momento, por Carmona los políticos de un lado y otro queman cera sin complejos.
En el plano material, los Servicios Municipales carmonenses se ven afectados de manera importante al tener que multiplicar esfuerzos, material y/u horas extraordinarias. A todas luces, las necesidades y/o exigencias de sectores implicados en la fiesta merma la capacidad de actuación cotidiana, ya sea en tareas de seguridad, transporte, movilidad, tráfico, vigilancia… Ante ello, no hay otra que, más presupuesto, más personal y menos quejas. La Hostelería también podría concretar las cifras económicas para encajarlas en el puzle general de necesidades de la ciudad y la calidad del empleo, al igual que los establecimientos de bebidas alcohólicas en el cumplimiento de la ley que protege a los menores. Hay mucha tela que cortar y puntadas que dar. El traje se puede mejorar entre todos, difícil si cada uno lo quiere a su medida. Pespunte acabado.