Una plaga invade las calles de cables

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Una plaga invade las calles de cables


     No es la primera vez que, desde LA REVISTA, alertamos de la situación observada de un tiempo a este parte por el protagonismo de empresas del sector de telefonía que extienden por calles y plazas, de forma aérea y en fachadas, un cableado que está afectando de manera muy particular y negativa a la visión  tradicional y estética del caserío carmonense. Como quiera que son numerosas las quejas que nos llegan en este sentido, nos fuimos a comprobar las denuncias in situ.

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9:30 horas. Un vecino de calle próxima al centro histórico, nos ha llamado para  manifestar que personal ajeno a la municipalidad ha colocado una serie de pivotes de señalización que impiden circular con normalidad por la acera, y tienen cortada para vehículos la vía más próxima a su domicilio con objeto de colgar cables. Y asegura que no es la primera vez que ocurre, y que ya se hace cotidiano. Personados en el lugar, comprobamos que ambas quejas son ciertas, por lo que permanecemos como espectadores en el lugar.


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     El vecino (Demetrio) -que mantenemos en el anonimato por razones obvias, al igual que a la empresa en cuestión (PIPI)- se dirige al grupo de operarios para dialogar con el encargado, al que pregunta si los trabajos a realizar, afectan a su fachada. Como la respuesta es afirmativa, el denunciante le participa que no ha dado, ni da permiso, para que se efectue  instalación alguna en la misma. Además, le indica que no tiene nada en contra del personal, que se está ganado el jornal, pero que su propiedad es sagrada y ninguna empresa se llame como se llame, puede disponer de la misma y a su antojo.


     El encargado de PIPI, intenta convencer a Demetrio para que dé autorización con el argumento que el cable a instalar es de poco calibre, que irá con abrazaderas y casi no se notará. Éste le contesta que desde hace años no autoriza ninguna instalación por diversas razones y que últimamente el desmadre de empresas de telefonía es permanente, por lo que le sugiere la opción, nada nueva, de tender el cableado por otro lugar próximo donde otros vecinos, al parecer, no ponen objeciones, o que utilice la tubería existente en el subsuelo. Y reitera: “Por mi fachada, ni un cable”.

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     La posición firme del vecino hace que el operario de PIPI comience a elevar el tono de voz que, de ser coloquial, pasa a prepotente y agresiva. Así, le recrimina que le dé órdenes de cómo o por dónde tiene que hacer su trabajo, le advierte que según la norma legal puede sobrevolar en metros cualquier fachada y que dispone de los permisos municipales. Como respuesta, Demetrio no se deja avasallar y replica: “Por mi fachada, ni un cable. Así que de aquí no me muevo y llamo a la Policía Local.”

     La llamada a Jefatura es inmediata. Da sus datos personales y le comunican que dan parte del incidente a la patrulla de servicio. A los diez minutos, el coche policial hace acto de presencia en el lugar del incidente. De una parte, los agentes recaban datos personales e información directa al vecino, al igual que al encargado de la empresa. Tras ello, le comunican a Demetrio que está en su derecho de no permitir el paso de cables por la fachada de su propiedad. Y así se corrobora de inmediato. Los operarios de la empresa DIDI, retira los pivotes de la acera, dejan libre la calle cortada y recogen los bártulos.

     Una inspección ocular por el barrio deja patente el descontrol de instalaciones aéreas, de dispositivos en fachadas y cruces de calles. El hecho nos lleva a otros distritos, donde el panorama es idéntico. El casco urbano histórico no es ajeno a esta plaga que se hace notar en su paisaje y patrimonio cultural. Las quejas siguen llegando. Dejamos constancia gráfica por si hay dudas.


Reportaje La Revista 

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