La muy nuestra y vetusta Plazarriba vuelve a ser noticia por el anuncio de la realización de próximas obras en su escenario central, así al menos se desprende de un avance municipal que deja en el aire cómo se verá con el “nuevo look”, como titulaba Teodomiro Corbones. Resulta rara la noticia, pues el actual Gobierno Local tiene por costumbre el dar a conocer -vía maqueta, infografía, publicidad, propaganda variada, inteligencia artificial… y con años de antelación- los proyectos futuribles para propiciar la redifusión puntual cada cierto tiempo, siendo fiel a la filosofía de Lao-tsé de que cuando se emprende una cosa se echa a perder por tener prisa en terminarla. En esta ocasión, según fuentes fiables, la obra se iniciará de inmediato -tras la operación mayas- en la muy deteriorada de San Fernando, en otros tiempos, de la Constitución, de la República… y Plazarriba, por los siglos de los siglos.
Más cercano en temporalidad, hubo gobiernos de izquierda que intentaron modificar tan entrañable lugar, y si la memoria no me falla, con un proyecto consistente en devolver su antigua fisonomía más que centenaria, libre de elevación circular y diáfana en todo su contexto como lugar público por excelencia de intramuros. Aquella propuesta, hecha realidad y con acierto en numerosas plazas andaluzas, tuvo oposición por parte de la oposición, -valga la redundancia- a la que se unió la voz monetaria interesada de algunos establecimientos de la zona. Al final no hubo renovación y todo quedó en obra menor de mantenimiento general. Ahora le toca al actual gobierno de derecha y conservador, conservar, renovar, rehabilitar… Cuando conozcamos el proyecto en toda su dimensión, podremos hacer una valoración con argumentos. De momento, hay silencio desde todas las partes: arquitectos, aparejadores, maestros albañiles, artesanos, vecinos, comerciantes y asesores del Patrimonio de la Humanidad. Un silencio incomprensible cuando se trata del corazón de la ciudad histórica.
Como escribían expertos en “Carmona. Ciudad y Monumentos” -hace más de treinta años- la Plaza de Arriba “se concibió a modo de escenario de cuanto acontecimiento urbano se preciase”. Tal apreciación, me atrevo a añadir, ha permanecido hasta nuestros días, si bien el nivel de protagonismo ha bajado enteros por mor del despoblamiento de todas sus collaciones. Subir a la plaza a pie desde los arrabales y extrarradios supone un atrevimiento físico para gran parte de los carmonenses entrados en años, salvo que tengamos conectado el móvil con el número directo de Tenorio, no de Juan, sino de la empresa de ambulancia. Blindar el acceso al centro histórico, cada vez que hay una obra (escénica), tiene un gran inconveniente para los mayores. Menos mal que hay una concejalía en exclusiva que se dedica a ellos y para los que habrá un proyecto futuro: La ciudad de los ancianos.
Chascarrillos aparte –como decían los viejos del lugar- Plazarriba necesita no sólo el cambio del pavimento y la arboleda, sino una profunda transformación urbanística acorde con los tiempos y las necesidades actuales de la población. La clave está en conjugar las mismas con una amplia participación de expertos y de ciudadanos de a pie. No se me adelante antes de concluir. El valor de Plazarriba no está en el suelo, ni en sus alcorques, está en todo el caserío que la rodea con siglos y siglos de arte: la antigua Audiencia, el mirador de Madre de Dios, el antiguo colegio jesuítico, arcadas y balconadas de costado a costado… todo lo demás sobra, incluido el kiosco de Macías.