EL MATACÁN: Prisioneros de la calor

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Prisioneros de la calor


     Como cada año, no puede faltar la protagonista de temporada: la calor. Con la aclaración de que la misma no tiene nada que ver con la que recoge el entrañable “Romance del prisionero”, donde se afirma en el primer verso: “Que por mayo era por mayo / cuando hace más calor…/ Eso sería por la ancha Castilla medieval porque, por cercanías, julio es el que se lleva la palma con diferencia. Ojalá estuviésemos en mayo con los campos en flor. Vamos, que el que se asome ahora por el mirador del Molino de la Romera, lo pueden recoger derretido en el Pilar Ancho. Entre aviso y aviso, sea naranja o amarillo, llega una ola tras otra, y no precisamente marinas, sino rojas, las que cogen media España desde el Sahara. Para colmo, el mapa te colorea en la franja de Carmona y proximidades una mancha negra que da miedo verla a diario: la sartén de toda la vida.


Mapa

      El romance en cuestión (sería conveniente repasarlo porque no requiere mucho esfuerzo y es más cortito que un selfi) sigue con el canto de la calandria y la respuesta del ruiseñor, y sigo diciendo que por la estepa castellana, sí, pero por aquí, no. Ni calandrias ni ruiseñores se ven cuando hace más calor, si acaso un gorrión medio asfixiado con acompañamiento fúnebre musical de chicharras atronadoras. A pesar de la siguiente referencia lírica a los enamorados que van a servir al amor, hay que tener poca sesera para bajar a la vega en busca de girasoles con cuarenta y dos grados por la vereda de Paradas, a no ser que el amor sea de tal magnitud que lleve a la ceguera, como apuntan algunos poetas. Sea cual fuere el nivel de enamoramiento, lo más aconsejable es quedarse a resguardo y sombra hasta que la muralla de poniente tome ese característico tono anaranjado que ni Lacoste es capaz de reproducir en su gama clásica multicolor.


Sin nombre

     El poema anónimo avanza con las quejas del prisionero, que también está pasando de las suyas con temperaturas insoportables en mayo. Triste, melancólico e incapaz de distinguir entre día y noche, no tiene referencia alguna de las mazmorras carmonenses por estas fechas. Si las tuviese, pediría al alcaide de turno permanecer sine die en tan refrigerada estancia ante un posible traslado penitencial al Alcázar del Rey don Pedro. En tan infernal recinto, naturalmente referido a época de reconquistas -otra cosa es la actual parada y fonda de la nobleza pudiente-, las vistas caniculares tendrían dos referencias puntuales: la avenida levítica de los Pipa y el complejo residencial del Sardina.


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     El final de la composición poética calurosa pone de manifiesto que el escenario en nada tiene que ver con la calor de Carmona. Por extramuros de Santiago y San Felipe, y con el solano dando caña desde el Derramadero, no hay avecilla suicida que cante ni en el albor, ni en el ocaso, así que el ballestero de turno regresaría a casa sin pieza alguna, por lo que Dios quedaría libre de otorgarle galardón alguno, ya sea bueno o malo. Se podría añadir al texto algún verso que corrigiese el preámbulo. Un suponer: Que por julio era por julio / cuando hace más calor…/ Pero dado que las olas de calor que se anuncian próximas proseguirán hasta bien entrado agosto, no me atrevo a modificar texto alguno. Habrá que ser pacientes. De momento, los prisioneros de  condena permanente sobreviven en Carmona como pueden, mientras los más agraciados cumplen sentencia entre Sanlúcar y Matalascañas. 

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