Con el permiso de los salvadoreños, les apropio el término de agostinas en busca siempre de la recreación de nuestra lengua, que sigue muy viva a pesar de las nefastas injerencias. Por ello, me confieso adicto a la corriente neologista y gregueriana, con referencias acólitas a Shakespeare y a Ramón Gómez de la Serna. En el caso del titular, le aclaro, por si tiene dudas, que se adjetiva como relativo al mes de agosto. Por tanto, noticias de agosto, o lo que es lo mismo… sin noticias loables, salvo las que año tras año chirrían como chicharras en las páginas de los periódicos. Bueno, eso era antes, cuando se leía en papel, ahora visualizadas en las pantallas personales y colectivas: crímenes, bicicletas, ahogamientos, plagas, ecos guerreros, incendios, festivales… y ya, a finales de mes, toca tormentas y granizos. No hace falta poner ejemplos, ahí están las crónicas, desde los Galindos a Mocejón; del Tour a la Vuelta; de Biescas a Trevélez; del mosquito al mono… Menos mal que por cercanías, salvo aquel fatídico agosto del 74, la cosa está en calma chicha. O al menos, lo parece.
De momento, lo más noticiable pasa por la cotidianeidad municipal; todo un bostezo repetitivo en el que las pérdidas de canes y los natalicios de felinos están a la orden del día. Sin embargo, hay preocupación institucional por la cantidad de objetos extraviados en la vía pública y de los que se hacen eco altavoces del Consistorio: llaves, gafas, mochilas, móviles, adoquines, zapatillas, colchones… Y es que, algunos, sin darse cuenta, pierden hasta la vergüenza a pesar de los años. Le sigue en este letargo vocero, los chapuces callejeros, que van desde el relleno de baches a la renovación de pavimentos varios. El de Plazarriba -según el boletín clandestino ‘Triquitraca’- se hace lento por la falta de losas; toda una losa para capitulares pétreos. Tampoco hay que hacer leña del árbol caído; cayeron tantos que sobra madera para próximos inviernos.
Las páginas centrales del noticiero agostino vienen marcadas por el acento playero. Una diversidad de excursiones a los baños –así se decía antes en el ambiente agroburgués carmonense del XX- son atractivo de actualidad popular. Regla, La Costilla, Matalascañas, La Victoria, Valdelagrana, La Barrosa… No hay semana en la que el Verano Joven, el Verano de la Experiencia, el Verano del Chocheo, entre otros, sea reclamo para dejar el pueblo –lo de ciudad no volverá hasta pasado septiembre- más sólo que el graderío del coso del Tentaero. Pero, como los carmonenses tienen ese don especial de llegar y pegar, resulta que –a falta de incentivos periodísticos generalizados- nuestros paisanos se han convertido en actores de primera audiencia en cadenas nacionales. Lo que oye. Nada de moda y ni modelos impuestos de tallaje mínimo. Ahí están, naturales, libres, risueñas, vitales... ‘las 55’, con mucho poderío, envueltas en la bandera andaluza, sin ayuda municipal y sin foto oficial en el ataúd de Alcaldía, han conseguido lo que la Delegación de Turismo y la de Propaganda anhelan en los despachos.
Son cuitas de un agosto extraño, en el que lo mismo circulan coches por calle Prim arriba, que calle Prim abajo. Sueños de un centro histórico peatonal que queda circunscrito al Torno de Madre de Dios. Que para acceder a las proximidades del Ayuntamiento hay que peregrinar por el camino de la romería y acabar en el Cubete. Un agosto que se nos va, con el reloj de Santa María en la lista de parados con derecho a jubilación… Llega la madrugada. Cascos de caballo resuenan por Carpinteros. Angosto agosto para destacarlo en el próximo anuario o, mejor, olvidarlo en una noche de verano en el que mengua la luna. ¡Auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!