EL MATACÁN: El Paseo universal

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El Paseo universal


     Envuelto en un halo, entre dibujos históricos que retratan con certero arte el lugar que de siempre se llamó Paseo, y que Felipe del Pino Alcaide en “Carmona y el Universo. El antiguo Paseo Príncipe de Vergara” (2021) nos regalaba imágenes de referencia en un magistral y exhaustivo documento, resuelvo ponerle actualidad en aras de una calificación universal que merece el emblemático lugar en tiempo presente. Ni Richard Ford, en su dibujo a lápiz: “Carmona. From barrio de San Pedro” (hacia 1832); ni David Roberts en su litografía “Marketplace. Carmona” (1837); ni la recreación a plumilla de Francisco Domínguez Olías (hacia 2000), sobre la obra del anterior; ni el dibujo a color de Francisco Rodríguez Nodal, para su libro “Al paso alegre de la paz” (2004), no reflejan en sus respectivas composiciones niño alguno en el enclave urbano, fuese llamado Plaza de Abajo, del Arrabal, Paseo Príncipe de Vergara o Paseo de Elías Luna.


Richar ford carmona desde el barrio de san pedro

     Tal vez la coincidencia en la ausencia de menores pudiera deberse a que la infancia carmonense de la época no tuviese cabida en las propuestas artísticas o que otros menesteres ocuparan los tiempos de juegos; como las tareas laborales forzadas por las necesidades familiares. No sería de extrañar tal afirmación según los datos disponibles en materia de escolarización en tiempos de la autoría de los dibujos. Sin embargo, llegada la cámara fotográfica a las inmediaciones del Paseo, las imágenes de Dubois, de Lucien Roisin, entre otras anónimas del s-XX, dejan con nitidez la presencia de niños en un entorno, precisamente diseñado, en parte, para su disfrute. La demolición, allá por los sesenta de la pasada centuria, por la “modernización” del enclave, sí lo despojó de recreo y solaz para toda la población, incluida la adulta. La segunda innovación del Paseo, hasta en sus entrañas -ya con nombre del Estatuto-, nos llegó hace poco; una obra de discutible diseño y más que dudoso vanguardismo.

17 great square and market place carmona

     Hoy, de una punta a otra, los niños son los protagonistas de este territorio arrabalero, al que le dan valor universal. No ha hecho falta coger el caballete o la cámara para dejar constancia del escenario en el que hacen vida común. Au plain air, Francisco Manuel, de seis años, y más gaditano que el mismísimo Moret, comparte asiento, cual poltrona metropolitana, con Ismail, de nacionalidad marroquí, y cuyo nombre nos recuerda al soberano nazarí de Granada. Le siguen: Jerónimo, Luis Enrique, Samuel… todos de la misma cohorte generacional con orígenes en ultramar. Disponen de una lengua que les sirve de nexo en un espacio integrador que los psicólogos y etólogos definen como "un entorno amigable en el que cualquier individuo puede participar en un juego natural y compartido, libre y no dirigido, y donde se fomenta la interacción".


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             El Paseo de Carmona recobra nueva dimensión; madres y abuelas mantienen las reglas innatas de convivencia y fomentan la interculturalidad. Juntos, los chiquillos escalan el torreón de madera y se sienten conquistadores de un mundo que se acaba abajo en el tobogán. Entre aventura y aventura, si hay disponibilidad monetaria, asedian el castillo encantado de Lola; la reina de las golosinas. El columpio es también, objeto de disputa, a la vez que modelo para respetar las normas de orden comunitario. El juego del escondite sirve para una meditación instantánea y solitaria con vistas al nido de cigüeñas de Concepción, a las máscaras del Cerezo, al prohibitivo callejón de la calle Sucia, al dragón que engulle coches por Tinajería… Cae la noche, el Paseo se hace más universal para soñar en libertad bajo los luceros.  


Yon