Dicen los expertos en filosofía feng shui que tener un reloj parado o que ha dejado de funcionar puede atraer las energías negativas y provocar el estancamiento en su zona de influencia. Así, me lo corroboró Akíto Tokomocho en su reciente visita a Carmona tras el recital musical ofrecido desde el mirador del Molino de la Romera, y del que hicimos recientemente mención fugaz. La referencia filosófica viene a cuento al pasear por Plazarriba y observar como el reloj de San María sigue en paro desde hace meses. A Akíto no se le fue por alto la hora que marcaba (las 2), naturalmente de la tarde. De la madrugada, seguro que no, simplemente porque a esa hora no se ve ni la torre. A la vuelta del refrigerio, me recordó que las agujas seguían inmóviles. Al conocer que desde la primavera estaban paralizadas, advirtió del peligro en mantener la maquinaria inmovilizada y sus nefastas consecuencias para la ciudad. Raro es que los responsables públicos y eclesiásticos no hayan reparado en reparar la avería crónica temporal, nunca mejor la redundancia, dada la trascendencia del suceso en el vecindario, tanto para fieles próximos como para infieles más apartados.
El hecho es que Akíto, me dejó con bastante incertidumbre al explicar que el feng shui es infalible en la materia: Un reloj parado hace que la energía se estanque y es imposible evolucionar en ningún sentido. Además, me refirió otras cuestiones que influyen en los malos augurios, como los objetos puntiagudos alrededor, las plantas artificiales, los espejos rotos, las escobas hacia arriba… A todo esto le vengo dando vueltas desde entonces y se me ponen los pelos de punta cuando observo detalles cercanos.
Tenía razón, Tokomocho tenía razón. En Carmona hay mucho parado, incluido el reloj. Junto a él, las azucenas desnudas presentan pináculos de fundición. Abajo, las flores de los maceteros dan el pego de quita y pon. El espejo del suburinario también se rompió. El carrillo de la limpieza lleva por asta ramas de escobón… Si le ponemos música del maestro Sabina, la retahíla sería objeto de copla para un Cerezo puesto en pie. Así me lo comenta Akíto como apunte de su cultura en la que las cerezas transmiten buena suerte y prosperidad.
Así que no hay más que hablar, en este caso escribir: Hay que arreglar cuanto antes el reloj de Santa María, o lo que es lo mismo, el de Carmona. Y si no hay dinero en las arcas municipales, habrá que abrir una cuenta solidaria para que llegue cuanto antes… “Y nos dieron las diez, las once, las doce y la una, y las dos y las tres…”
A la hora que escribo estas letras, no distingo el horario con certeza. Desde el lugar en el que me encuentro tampoco diviso la torre de don José Ignacio, ni la del Big Ben. No obstante, sin mirar a artilugio alguno, sé que ya sonó el toque de silencio. Por el sendero de los ciegos, los bronces de Carmona marcan horas y medias desde san Antón a la prioral; algunos lo hacen con juvenil delicadeza, mientras otros remarcan longevidad histórica. Pero sólo uno se distingue por sus agujas iluminadas, las que echamos de menos en movimiento como señal de que aún estamos vivos.