Lo de Carmona “Flor de Andalucía” rima con pedantería, con cursilería, con patología, por no decir parasicología que propicia una Alcaldía, a la que tan sólo le falta ser objeto de culto en escaparate de floristería. Porque si no lo sabía, el penúltimo trofeo conseguido por Carmona, o por su regidor –tanto monta, monta tanto- ha sido en relación con la Floricultura; mérito concedido -junto a Cañete de las Torres- por las empresas del sector que facturan jardinería por millones de euros.
Cómo será nuestra dedicación y legado de flores que, desde hace años, disponemos de un distrito florista al completo con nombres de calles tan entrañables como: Margarita, Romero, Malva, Azafrán, Madreselva, Nardo, Amapola… Lástima que no dispongan de flores naturales como otras céntricas vías. Cosas del clientelismo. Además, el amor ciudadano por las flores es tal que llega hasta los polígonos industriales; lo último, el Jardín de Hebe. El negocio es el negocio. Y hoy, Carmona es sin duda un buen negocio… para unos pocos.
De más reciente concesión honorífica, -de hace tres días- está la Gran Cruz Azul de Emergencias. Todavía no me he puesto al día sobre el contenido de la misma, aunque de seguro que no tendrá relación alguna con la emergencia actual de la lengua azul que trae de ruina a la ganadería carmonense. Tampoco creo que tenga connotaciones sanitarias, pues la situación sigue en las mismas a pesar de reuniones, quejas, reclamaciones, manifestaciones… Vamos, que llevamos la cruz a cuestas y de emergencia total. Así me lo ha confirmado el primo Cipriano, que fue al ambulatorio para una radiografía, y terminó haciéndose la placa entre El Viso y Mairena, y ya de camino se trajo una tarrina de menudo de Casa Capote. Mejor suerte tuvo la tita Trini que la mandaron a San José de la Rinconada para una mamografía. Y como le tocaba revisión a casi todas las amigas, contrataron un autobús y terminaron la jornada en Matalascañas.
Esto de los premios tiene mucho que ver para su adjudicación por méritos con las amistades que uno tiene. En nuestro caso, Carmona siempre presumió de buenas relaciones con personalidades de tronío. No sólo nos visitan, un día sí y el otro también, los compadres Juanma y Javier. Aquí, el listón siempre estuvo muy alto, independientemente de quien portara la vara consistorial. Ilustres personalidades, además de las de andar por casa, ensalzaron la ciudad o el pueblo (elija sustantivo en función de intereses) y propiciaron honores. Sin ir más lejos, en el 98, Jimmy Carter, Presidente de los Estados Unidos, elogió nuestra localidad paseando por ella y visitando lo mejor de lo mejor.
También lo hizo el emérito en varias ocasiones; unas, para ser vitoreado en Plazarriba y, otras, para echar una cana al aire a tutiplén, como lo sigue haciendo en tierras lejanas. El único que no pisó suelo carmonense, ni dejó huella física, fue Franco que sólo nos legó el luto riguroso, y por lo que dicen los viejos del lugar, a su paso por la carretera nacional, mandó acelerar el vehículo por si acaso.
Ya hay rumores de los envidiosos y resabiados -a los que no hay que echar cuenta por redes sociales- que está en proyecto municipal la creación de un museo para exponer todos los trofeos, medallas, distinciones y parabienes otorgados en los últimos años al municipio y regidor. Aún no tiene título. No obstante, la losa conmemorativa ya está encargada y grabada con nombre propio. ¿Cuál será, espejito mágico?