El lucero arrima ascuas / con mapping de luna llena, / a finales de noviembre / en una larga espera. / Se arremolinan títeres… / Y el niño que no llega. / Se arremolinan lacayos, / los de siempre, los de brega, / frente al teatro visual… / Y el niño que no llega. / Suenan fanfarrias triunfales / de las que ahogan las penas / con protocolo señorial / para aliviar las cadenas / de magia multicolor… / Y el niño que no llega. / Nadie pregunta, por cierto, / si viene con diligencia, / y si viene para salvar / a los pobres de esta tierra, / pues a los otros les da igual, / que prefieren que no venga. / Antes remendar el jornal / que compartir la riqueza. / Suena a música celestial… / Y el niño que no llega. / De momento, no se atisba / cohorte por la vereda / ni embajadores de nuevas, / ni voceros, ni profetas, / sólo algún saltimbanqui / de resorte, muelle y cuerda; / el soporte vitalicio / para andar de feria en feria / entre bufones reales / a golpe de pandereta / de campanitas del lugar… Y el niño que no llega.
A lo mejor se ha perdido / entre placas por la vega /, y no encuentra el camino / ni el carril de la ribera, / ni arriba distingue cielo, / ni da con su buena estrella. / O quizás venga más tarde / enfrascado en su faena / entre barros de riadas, / bajo misiles, miserias; / unos, allá tan lejanos / otros tan cerca, muy cerca. / A lo mejor se ha perdido / envuelto en un mar de niebla / vestidura de novicia / de costura mañanera / por donde surcan arroyos / entre las trochas laneras. / O quizás busque refugio / al abrigo en una cueva, / aprisco de noble cuna, / pesebre de duermevela, / lecho sin más fortuna / que jergón, paja y enea. / Cabreros de lontananza / descienden por la ladera / al reclamo de una señal / que llega de la dehesa, / tránsito de manantiales, / abrevaderos de yeguas / donde una luz cenital / irradia gloria eterna, / ora mensajero de paz / ora luz entre tinieblas. / Todo se vuelve misterio… / Y el niño que no llega. /
Arriba en los alcores / música que suena. Y suena / el cascabel, la zambomba / el cencerro, la vihuela, / la botella de anisado / y el almirez de la abuela. / Al compás de villancicos, / de zéjeles a capela, / lírica de trashumancia / de cordeles y plazuelas / de runrunes y estribillos / para hacer corta la espera: / Y los peces en el río / vuelven de nuevo a la fiesta / beben de aquella corriente / que manó de noria y huerta / a ritmo de cangilones / hasta llenarse la alberca, / la que se vistió de plata / de noche para estelas. / Se anuncia el tamborilero / con pellejos que resuenan, / clamores de un ropopompon, / súbdito de las baquetas. / ¡Ay! , chiquirritín del alma / de alma hambruna y de pena. / Mi niño, que llegas tarde, / abierta está la taberna, / la que tiene de patrona / a María, la morena. / Avisa de tu venida / con campanas campaneras / y sobre campanas, una / a redoble, con más fuerza / con repique, sin pregunta / del por quién doblan la apuesta. /
Y ya puesto en vanguardia / con orujos de canela / rescato de la buhardilla / consorcio polichinela / para montar nacimiento / del niño que nunca llega, / niño perdido y lejano/ de tan ficticio planeta. / Aquí repongo el castillo / de blanca nieve y bandera / allí pasarela y puente / con texturas de acuarelas, / más abajo, tendederos / de vigilia lavandera. / Pavos, cochinos, gallinas… / Olivos, parras, chumberas…/ Fauna y flora efímeras / para noches de bohemia. / Mi niño sigue dormido / no quiere que lo despiertan. / Seguid de adviento y proclama / en tan sibilina espera. / Romance para mi niño / entre cítaras sin cuerdas / al calor de una fragua / y de lorquiana candela.