Aquella generación de carmonenses que a mitad del siglo XX se les ocurrió rescatar la añorada cabalgata de reyes magos de principios de la centuraria, nunca imaginaron que la aventura llegara tan lejos en el tiempo. Pues sí, y uno de aquellos primeros sabios de Oriente, aquel Baltasar, con nombre y apellido propio, Francisco Ríos, que iniciaron la andadura pudo ver, ayer, tras el balcón de su hogar, con sus propios ojos, como la ilusión de miles de niños y adultos permanece intacta desde entonces. Todo un milagro, para los tiempos de fugacidad que corren.
La crónica se hace emotiva por muchas razones, pero sobre todo, por contemplar como aquellos recién nacidos del cincuenta y seis, muchos de ellos de la mano de sus nietos siguieron anoche el sendero que dejó una estrella. Y tras ella, le siguió un cortejo que mantiene cánones artesanales y artísticos. En él la conjunción entre animaciones infantiles y detalles costumbristas puso en escena, desde la nave giraldilla al recinto amurallado, un itinerario difícil de igualar en lo patrimonial y popular.
En contenidos, al avance generacional y los materiales constructivos, mantienen intacto el objetivo fundacional de aquella cabalgata promovida en la taberna de Telaraña: la sonrisa y la felicidad de los niños carmonenses en la noche de reyes. De las parihuelas, angarillas y caballos de los partiarios, setenta años después, la magia del progreso los ha tranformado en carrozas, en vehículos todoterrenos y el añadido de una legión de jóvenes y bulliciosos figurantes. Anoche, los delfines volaron entre las puertas de la muralla, las barcas reales subieron con la marea humana al foro y rindieron honores por el nº 19 de la calle de Vendederas.
La actualidad de las imágenes de la cabalgata giraldilla dejan de ser noticia al instante, tras el clic de los teléfonos móviles que hacen a los propios espectadores oficiantes de reporterismo gráficos. Miles de estampas pasan de inmediato al albúm personal y por ende a la nube. La noria seguirá dando vueltas, las sirenas bucearán entre conchas, los balones futboleros en el espacio recreativo, los dinosaurios en islas del tesoro... Tras ellos, la mañana del 6 de enero amaneció fría pero radiante. Los abuelos sonrien al ver a sus nietos ensimismados con los juguetes, el ciclo vital continúa en Carmona con el añadido del espíritu filantrópico de los giraldillos buenos.