Me comentan desde la Tertulia Viej@s del Visillo, lo contentos que están con el Ayuntamiento por cómo les presta atención en todo lo concerniente a su edad, sea treintañera, cuarentona, cincuentona, sesentona, setentona, ochentona, noventona, quintañona o centenaria, y pare de contar, salvo descendientes de Matusalén. El visillo no tiene cumpleaños, está ahí para el que quiera asomarse al exterior sin ser identificado desde fuera. De parecida utilidad y de tiempos inmemoriales está la celosía, muy nuestra también como elemento arquitectónico hispanomusulmán y espacio de privacidad en los corrales de comedias. Así que, detrás de cada organza, enrejado o listón han existido de toda la vida personajes atemporales y silenciosos. No obstante, en los tiempos actuales se le ha sumado, por aquello de las nuevas tecnologías, el fak, el troll, el hater… con cualidad vocera.
De este último fenómeno social en Carmona se podría escribir largo y tendido. Viej@s del Visillo dispone de una larga lista de “trolles” locales que si se hiciera pública más de uno tendría que cerrar el negocio y empadronarse en Villalovaina. Como no corre prisa el dar publicidad al registro, vamos directo al paisaje escénico. Lo más destacado del repertorio municipal pasa, a juicio de los tertulianos, por los infinitos metros cuadrados disponibles para actividades de ocio al aire libre. Desde la ciudad de los niños –incluidos vecinos púberes, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos- hasta la Alcantarilla -en fase de construcción- los carmonenses presumen de tener un parque en cada barrio, una alameda en cada distrito, un jardín en cada acera, un alcorque en cada puerta y una flor en cada solapa. Ah, y un jardinero en cada esquina. Ante todo, trabajo que no falte.
Otra cuestión es la discrepancia entre los adeptos al visillo. Unos, acostumbrados a guiones repetitivos de troles, entonan con actualidad: “Qué bonita está Carmona / que bonita es mi ciudad / que rebosa de alegría / qué bonita está con Juan” /. Y rubrican su patología: En Carmona hay que morir. Otros, ajenos a este guion, señalan con pragmatismo el estribillo de ‘Los que seguimos cayendo mal’: “El único que se alegra, Juanma Moreno, / de que yo muera de esta manera… / Uno menos en la lista de espera" /.
Enmedio, la mayoría silenciosa de la entidad social referente se muestra abstencionista en el corral de comedias y se deja llevar por los vientos dominantes que hacen de la cortinilla un refugio seguro. Esa es, ha sido y será la realidad por muchas redes que martilleen las celosías impuestas. Tarde o temprano, la lealtad se acaba cuando los intereses y los beneficios se terminan por sumisión al poder, para dar paso al nuevo reemplazo y al olvido a corto plazo.
Mientras tanto, a pesar de los arriates, jardines, parques, ocio dirigido y entretenimiento gratuito, percibo una atmósfera general semejante al vacío del bulevar por excelencia; la Alameda de la Libertad, la de albero entre pilares, alma del pueblo para las generaciones que hoy se despiden desde el andén de la hojarasca otoñal. Una Carmona hipoestésica que, tras el visillo, se aleja de la alegre copla y se acerca más a la dolorosa saeta. No obstante, aún quedan resquicios que permiten el paso de la luz entre calados para la carcajada y la crítica de alguna máscara furtiva por carnestolendas, sea mojiganga de anónimo alcalde farandulero sobre sillón consistorial o del irrepetible y universal teórico Stephen Hawking sobre silla de ruedas. Cosas de don Carnal.