EL MATACÁN: Quingentésimo

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Sin nombre


Quingentésimo


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     Tal y como suena. El presente matacán es el quingentésimo (500 en numeral, D en romano y quinientos en letra) de la serie que comenzó a publicarse allá por septiembre de 2002. Todo un aniversario numérico cuyo bautismo tuvo como jordán, el Periódico de Carmona, creció en Información Carmona, fugaz en Viva Carmona, voló del papel a internet para El Grifo Información y, a día de hoy, templa armas en La Revista con los mismos principios de lealtad a su creación: Una visión puntual sobre temas de actualidad local, sin reparar en contenidos, sin ataduras, sin componendas y sin contraprestaciones; claves que hacen posible la libre opinión independiente de una columna que, próxima a la realidad carmonense, pretende el entretenimiento con su lectura. Quinientos, no son pocos, ni muchos. Son los que son, y es: un hito en el género periodístico de temática exclusiva de Carmona, o al menos así me los refieren lectores fieles a las hemerotecas. 

     

     Este quingentésimo va dedicado a ellos, a pesar de no ser digno -cual centurión romano- de entrar en el portal web y compartir confidencias. Tal vez, con motivo de tan excepcional ordinal, el planteamiento futuro sea el de subir a la nube –cúmulo- todos los matacanes para recordar el ambiente atmosférico cercano del ayer, anteayer y anoche. Aunque, por la frialdad de la condensación en el almacenaje, quizás aproveche un premio de Loterías del Estado para volver a la impresión física de los textos, con sus hojas y cubiertas correspondientes. Lo veo difícil, tanto en lo de conseguir el gordo, como por el hecho de que este tipo de inversiones no están a la orden del día. La lectura, en estos tiempos, ha sido superada con creces por el deslizamiento del dedo sobre la pantalla del móvil. Por ello, es una delicia el poder transmitir y compartir, aunque sea en minoría, ese hábito de desarrollo personal que nos diferencia del mundo animal.

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    A lo largo de estas quinientas columnas, he trasladado, o al menos lo he intentado, desde emociones a ideas, sobre todo, para provocar la reflexión. Con mayor o menor acierto, versatilidad de contenidos y solecismos varios, la realidad es que me lo paso en grande escribiendo desde los que algunos filósofos denominan profundidad del alma y en la que Carmona está siempre presente. La larga lista de títulos es tan variopinta que, su repaso, provoca un laberinto de estados de ánimo difícil de trasladar al lector en cuatro líneas. Los pasadizos nos llevan por el equilibrio, la euforia, el agobio… El transitar por ellos, es toda una aventura. Salir de él, no es el objetivo, sino, todo lo contrario, mimetizarse para disfrutarlo y compartirlo.


     El matacán del Alcázar de Abajo sigue impertérrito, como el primer día en el que su aspillera sirvió como argumento en defensa de ficticios asaltantes y como testigo del acontecer diario. Es lugar para vigías privilegiados. Bajo su estructura, la vida pasa sin darnos cuenta. Anteayer, con cánones orientalizantes; ayer con matices imperiales; anoche, de lucha de clases; hoy, de perfil intercultural… El mañana, será misión de otros, cuyo relevo, en lo alto de la muralla, dejará constancia permanente del papel a desempeñar, más como escribanos que guerreros. La ballesta se cambió por la pluma y la munición por el pergamino y la tinta. De esa dualidad universal e histórica me quedo con el espíritu romántico de la Carmona de trovadores y juglares que nos legaron un espacio único, entre almenas, para la creatividad literaria. Un brindis con el quingentésimo. Va por ella, va por ellos.


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