EL MATACÁN: Las moscas del tiempo

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Sin nombre


Las moscas del tiempo


Para

Parece que el anticiclón ha cogido su sitio, después de perder la silla atmosférica durante meses en favor de un montón de borrascas con nombres propios y con todas sus castas. Es curioso el anonimato de los anticiclones, mientras aquellas proclaman identidad. Habrá que aclararlo algún día. No me conformo con lo que dice mi IA (Intima Amiga) al respecto, pues no está bien la discriminación sobre estos fenómenos de la Naturaleza, sean del género que sean y en función de su mala leche. De todas maneras, tengo una mosca detrás de la oreja -la de toda la vida- que me dice al oído que no me confíe mucho en la vuelta de las altas presiones al sillón de las Azores y esté alerta, por si las moscas. Sí, moscas, a las que Machado dedicó universal poema y Serrat las elevó en cumbre musical:  "familiares, inevitables y golosas"… Por ello, hasta que no las vea deambular por la cocina en busca de fruta madura, no hecho mano al insecticida y pongo a resguardo el quinto paraguas de la temporada.


Escapa (2)

     Aprovechando este descanso del tren de aguas borrascosas y las tímidas salidas de Lorenzo -del que nos acordaremos, también de su leche hostil, allá por agosto cuando celebremos su martirio anual-, le traslado confidencias mosquiles. Las más próximas están relacionadas con cambios en el entorno que pueden ayudar a comprender cómo nos afectan al comportamiento y temperamento personal. Un ejemplo muy claro, de cómo influye la climatológica negativa lo tenemos en el escaparate de Paco Vago, que esta temporada ha pasado de exponer las figuritas del belén a los capirotes de nazarenos, saltándose las caretas de carnaval y manteniendo, tras el cristal, los paraguas y las maletas. Esto no ocurría desde tiempos de Maricastaña, cuando el derribo de las casas colindantes de la carmonense Puerta de Sevilla y las inundaciones del Tamarguillo en la capital. Como para no tener la mosca detrás de la oreja.

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     Por fortuna, tengo la suerte de que mi 'musca' latina es muy familiar, doméstica, comedida en sus apreciaciones y recatada en la confidencialidad. Nada que ver con los moscones que se acercan sin avisar a darte la tabarra. Sí, como esas a las que de manera coloquial llaman cojoneras, como Francis, que entró en enero, o como esta última, Pedro, muy de permanente actualidad y poderío. Son tan vulgares y pertinaces -como dice el poema machadiano- que te dan la predicción en horas y registros al minuto… Y para colmo te muestran la pantalla del móvil para que veas los efectos del temporal. Como si uno no supiera lo cotidiano del embalse de Villarrosa, las lagunas de la Alcantarilla y la caída de árboles en el Almendral. Y para colmo, te asustan con que pase en Carmona como en Grazalema, con aguas en cascadas y cataratas permanentes desde las gárgolas de Baldomero.


Con la mosca detras de la oreja 2

     No hay que exagerar, ni tampoco dar tantos avisos. En cada momento, los justos y necesarios. Sería lo idóneo, como apunta mi adicto díptero simbiótico en sus apreciaciones. De hecho, me traslada que se retira de la oreja por un tiempo, en busca del azahar y el incienso. Como consejo: que siga el programa del Consejo si quiero renovar el espíritu del duro invierno y relajar el entrecejo. Para ello, se inclina porque me acerque más a 'La Chicotá', a 'La Sacristía' y a 'La Antiqua' y repase el manual de saetas del 'Bizcocho'. De momento, me he puesto la ceniza, a ver si se va el cenizo de estos últimos meses e irrumpe la primavera con toda su capacidad reproductora. Ya decía yo que esta mosca es de las “revoltosas y amorosas, amigas viejas que evocan todas las cosas”.  


 

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