“Ay, qué casualidad / ahora una Guerra Mundial, / la gente no respeta / ni que estamos en Carnaval. / Rian, rian”. Han pasado unos añitos desde la creación de este singular estribillo que se hizo famoso en todo el orbe, interpretado por el cuarteto gaditano ‘Tres notas musicales’, con letra de ‘Talleres Cuplesur’ y, si no recuerdo mal, con melodía de ‘Mountain Musician’. Aquel magno acontecimiento se celebró por febrero de 1991, tras el estallido de otra guerra en el golfo; la llamada “Tormenta del Desierto”. Diez años después, el Palacio de Congresos de Cádiz acogía al artista de fama internacional Johan Amadeus Masa para interpretar la misma pieza acompañado por la orquesta Manuel de Falla. Transcurridos veinticinco años, volvemos con los mismos mimbres al reestreno. Ahora otra Guerra Mundial bis… de nuevo a repasar cultura general y ponernos al día en geografía universal para conocer la evolución del Golfo más golfo de todos los golfos, tanto en lo físico como en lo humano, por lo de ser también refugio y exilio fiscal de golfos.
Por aquel entonces, cuando se entonó por vez primera, lo de ‘ay que casualidad’, además de reírnos a carcajada limpia con el repertorio de Amadeus Masa, Ludwig van Peñatoven y Gabi Rostropovich, notábamos, de vez en cuando, un leve cosquilleo estomacal delante de la pantalla hogareña. No era para menos. El contemplar en directo a través de las cámaras de la CNN los misiles Tomahawk despegando de los acorazados con bandera americana, las imágenes incitaban a una evacuación inmediata, tanto poblacional como diarreica. Pues seguimos en las mismas. Si ayer fue Sadan Hussein, hoy, acaba de subir al jannah, Alí Jameneí; ambos líderes musulmanes eliminados de la faz de la tierra por mandatarios de la enseña de las barras y estrellas, la misma que enarbolaba el cabo Rusty junto a Rin Tin Tin en operaciones de caballería para el exterminio de compatriotas indios en el lejano Oeste.
Nunca nos llevamos bien con los americanos, sobre todo desde el ‘Desastre del 98’, tras apoderarse a sangre, fuego y malabarismos, de nuestras Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. Su conquista prosiguió, no hace mucho y gracias a la dictadura franquista, izando bandera bélica, sin batalla alguna, en territorio español: Torrejón, Zaragoza, Rota y Morón. Hoy nos quedan, tan cercanos, los dos últimos, los que cada vez que ruge el león, con ansias de comerse el mundo, le acompañan en actualidad. Y no es para menos. Cuando uno recuerda la imagen de la VI Flota USA cubriendo la pacífica bahía de Cádiz, frente al parque genovés, y el incesante vuelo de bombarderos y aviones cisternas sobre Arahal, desde el Almendral de Carmona, la diarrea pasa de puntual a crónica. Y entre idas y venidas al retrete, el grito escatológico no puede ser otro que un ‘No a la guerra’, rotundo y contundente: ¿Guerra? Ni por todo el oro del mundo.
Porque no sé si sabrá que al Ayuntamiento de Carmona le fue asignado, no hace mucho, 158.156 euros como compensación por ser municipio limítrofe a la base militar de Morón (Arahal). Pues reitero un ‘No a la guerra, bis’ y, de camino, que se metan los euros entre el Cerro del Mojón y la Vereda de los Tunantes del término carmonense, próximos al arahalense. Así que, con todo el cabreo del mundo, entre el avance por tierra de las macroplantas fotovoltaicas de multinacionales mangantis y, por el aire, pendientes de un posible pepinazo de los que están cayendo por el Golfo de los golfos, se nos está quedando cara de pavana de la cueva la Batida. Y al que prefiera las placas y las guerras, un consejo: Llevárselas lejos de aquí: Carretera, manta y fusil.