Hace 480 años nacía en la casa número 11 de la popular calle del Caño de Carmona, "Juan Pecador", Juan Grande Román, canonizado por la Iglesia Católica hace 30 años, por su entrega a los pobres y enfermos incurables. Ayer, frente al azulejo conmemorativo de tan ilustre paisano transitó con símbolos de humildad la procesión con la imagen triunfante de una entrada en Jerusalen, que se hizo Arrabal carmonense en Domingo de Ramos. Cruz de guía, estandarte, cuerpo de nazarenos y acólitos prologaron la presencia de la obra imaginera recien bendecida del escultor Navarro Artega. Entre la multitud que esperaba su llegada bajo La Giraldilla de San Pedro, la figura escultórica emergente del denominado "Héroe de la Caridad" ofrecía dos rosas a la entrada del templo a tan amado huésped espiritual. San Juan Grande también fue héroe de la sanidad pública hace más de cuatro siglos.
Por senderos de alcázares, prisiones, conventos y tribunales, el contraste llegaba con espinas en unas de las imágenes más impactantes de la nómina cofrade carmonense: el Ecce Homo del Salvador. Con dudas razonables sobre su autoría -según los expertos- en lo que no la hay es la belleza plástica de un hombre reo, del que el pintor y profesor Fernando García ha elevado en lienzos a altas cotas artísticas con su magistral pincel. El relato evangélico nos dice que después de pasar por el juicio religioso judío y romano, el Galileo se mostró tras la tortura a la plebe. Y entre ambas escenas, quiso pararse ante sus hijas predilectas, de ocres y sencillos paños; las que le siguen por el mismo camino de humanidad al prójimo. La imagen del coronado de espinas no tarda en llegar al foro de la milenaria Carmo para, en otra dimensión, ser aclamado entre ceras, estandartes, música... y palio de Esperanza, bajo la luna.