Desde las claras del día, hasta caer la madrugada, cada Martes Santo, el Postigo se hace bastión almenado para dar paso sin guardianes al que algunos llaman señor de la Judería, aunque me inclino más por Rabí y, mejor, Maestro. Y esta maestría universal, la infancia la capta de manera especial. Allá abajo, por Carpinteros, el niño se acerca a la escena escultórica y espera una respuesta a su curiosidad como en 'La lengua de las mariposas', con idéntico final trágico: traición y muerte. La tarde aún resplandece en bajada por la vía del Patrono de Carmona, por San Blas presenta credenciales en el Humilladero de la Sedía para seguir camino de no retorno hasta la hora de expirar.
Hay un paréntesis entre la puesta de sol hasta la tercera vigilia por la ciudadela, donde el gentío se arremolina paciente en cualquier esquina. Aguardamos la espera en las barbacanas, en la encrucijada entre la Baja y Cadenas, enclave poético para recordar: "Al cielo se fue el empuje alegre del costalero / luces de farol hacen dibujar sobre mi fachada los tres maderos... La obra del carmonense Antonio Eslava irrumpe por la rampa hasta alcanzar la torreta del Postigo para integrarse en espiritualidad, humanidad y arte con su barrio; barrio de artistas: Arpa, Buiza, Manolín, Fernando, Lastra, Celia... ¿Hay quién de más? Pues sí, aún queda una lluvia de pétalos para la Dolorosa al son de "Campanilleros", para continuar emociones a los compases musicales de 'Esperanza que guía a Triana", que dedica Matute a la Banda de Música de Mairena del Alcor. ¡A esta es! La plazuela de San Blas aguarda a la Expiración para fundirse en el Paraíso.