EL MATACÁN: Tontorrompompero

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Tontorrompompero


     Llega la feria, como manda el calendario visigótico, al que acompañan los sempiternos preceptos anuales. Como coautor del libro Historia Universal de la Feria de Carmona -base de tantos y tantos modernos pregones de la fiesta- me permito el lujo de dedicar este matacán al tontorrompompero. Llámese así, a un espécimen muy común por alrededores que hacen de la feria su centro y su universo, desde preliminares a cohetes de despedida. Presume nuestro personaje de amplios conocimientos en la materia, por lo que su primer debate tiene como polémica si la feria de Carmona es más antigua que la de Mairena del Alcor, o la de Guadajoz. Como siempre, su opinión viene rubricada por alusiones a legajos del Archivo Histórico Municipal, donde no se le conoce ni de visita en cuentacuentos.


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     Como buen dicharachero de elocuencia fácil, es socio de tertulia o similar, a la que asiste en sesión anual de cónclave para supervisar acuerdos, sobre todo en materia repostera. Asume el papel de ingeniero para el montaje de la caseta, sin tocar la caja común de herramientas y apunta la necesidad de renovar mobiliario y pañoleta. Tras varias salidas a la calle para contemplar los trabajos y verificar resultados, desaparece por arte de birlibirloque hasta la hora en que el arroz está apartado. 

     No necesita cubierto alguno, siempre solapa cucharón sopero personal de amplia longitud y cuenco profundo, del que presume manejo para evitar tanto paso atrás. Ingiere todo lo que esté embotellado y gratis, sea de la viña jerezana, sanluqueña, riojana… o de las plantaciones azucareras caribeñas. En estos prolegómenos se distingue, en fase de exaltación y como de costumbre, cantando el porón pompón, poropo porón pompero -de ahí su familiar apelativo- y termina faena sobre el tablao, imitando a Morante de la Puebla, con silla incluida.


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     El tontorrompompero nunca falta trajeado al encendido del alumbrado. Aplaude al alcalde que rija, sin distinción de color -sea Juan, Sebastián o Elcano, o juntos como el buque escuela- y aprovecha el momento por si hay venenciador y barril próximo. En la noche del pescaíto exhibe sus conocimientos pesqueros, con mucho arte, bien sea de arrastre, palangre o anzuelo. Sobre el plato y a viva voz, selecciona la fritura y explica que no es lo mismo el choco, el calamar, la pota, el chipirón… Y culmina con un brindis por el campanu, que este año trae retraso. A diario, cumple con la tómbola, de la que guarda todo un museo en casa, desde el Perrito Piloto a La Chochona. De vuelta a la caseta base, cumple con recuerdos de la patria en barraca de escopeta nacional y presume que fue francotirador experto, con supuesto valor, durante el servicio militar. De premio, consigue otro velociraptor chino de próxima caducidad. 


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                     La suerte está echada, por lo que nuestro singular héroe ferial tiene de nuevo un reto en la presente edición: la feria coincide con las elecciones autonómicas. Ante tal singularidad, ha optado por el voto por correo. De esta manera, no ve alterada la agenda del Real ni se deja llevar por debates de última hora. Confiesa preferencias por candidaturas que incluyen en el programa electoral, la vuelta del caballito del fotógrafo, la caseta de la rifa benéfica, las luminarias venecianas, las dianas mañaneras y, sobre todo, las novilladas, que no tardarán en llegar al grito de ¡Viva España y vivan los toros!, aunque este último viva sea toda una incongruencia. Ya de despedida, tontorrompompero, después de cantarle a su Dolores, Lolita, Lola, se arranca por sevillanas y, llegado al éxtasis, se destapa: “Me casé con un enano, salerito pa jartarme de reir. Ole ahí ese tío que va ahí”. 

 

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