Viento al Sur. Nubarrones amenazantes y, de vez en cuando, unos goterones de lluvia. Las banderas despliegan en lo alto rindiendo honores, como lo hicieron en el medievo sobre el campamento conquistador en el Campo del Real. La nueva acampada -la de todos los años- toma silueta efímera de carpas alineadas para celebrar la feria; la que fuese de ganado, la que tuvo primeras parcelas en la plaza del arrabal, la que se extendió hacia el Carmen y acabó semiurbana.
Ayer, a mediodía, en vísperas de la fiesta local por excelencia, a tres días de la noche del pescaíto, las huestes del campamento móvil se afanaban en tenerlo todo a punto. Una visión semidesnuda, sin decoración alguna en los dos paseos, dejan una sensación extraña, fría y vacía. Quizás la costumbre de verlos semidesiertos, propicia la necesidad de acelerar el ritmo para contemplarlos en su esplendor. Para ello, el personal faena con armonía y especialización: fontanería, decoración, cocina, carpintería, electricidad... Como si todo estuviese escrito, la experiencia perfila los detalles de aquel proyecto que nació con cuatro palos y dos lonetas.
La nómina tiene el mismo denominador común: la amistad, la confluencia de interes y el ocio. Los hay sibaritas, futboleros, baloncestistas, cofrades, tranquilotes, amistosos, políticos, motoristas, leñeros, cipoteros, tenistas... Cada generación toma el relevo y aporta nuevas maneras de entender la fiesta. En la larga lista de elementos constructivos y de ornamentación nunca pueden faltar los farolillos, las luminarias, la barra y los servicios. Ya en pavimento y mobiliario, las cosas difieren en función del gusto y la tesorería. Otra cosa son los grandes salones de celebraciones y bares, con nombres relevantes que chirrían en un escenario al que hay que cuidar para no perder lo auténtico.
Lo importante es que no falte de ná, como dice la famosa sevillana. Por faltar... ni los paraguas. Así, a grueso modo, aparte de consultar con el servicio metereológico hay que hacer lo mismo con el bancario, porque los precios que se anuncian no están para tirar muchos cohetes. Todo lo más, el guiso del día, del que daremos cuenta en próximos encuentros. Y si no, que se lo digan a los que forman cola en san Antón, tanto para entregar, como para recoger. Cada año hay innovaciones dignas de mencionar, aunque después de la puesta en marcha obtengan el sí, o no, del certificado de calidad. Nos comentan algunos feriantes que en esta edición la pulsera anti-droga será la sensación. El problema radica en que, si la misma informa también del nivel alcohólico del portador, la cuestión se complica y llegue al Supremo.
Otra cosa es la Calle del Infierno. Ayer, estaba en fase de meditación. No hacen falta días de montaje. LLega el camión, abre compuertas y... la magia tecnológica trastoca el mercadillo de los lunes en un Karmo Disney World. En este sentido, ni los siglos, ni las décadas, han podido con la fantasía infantil. Escalesitas, carruseles, tiovivos, sillas voladoras... se han convertidos en Gusanitos, Tami Tami, Coaster Expres y Olla XXL. Menos mal que el tren de Puppo sigue vigente en la memoria, aunque la bruja ya no asuste a nadie. El aroma de los guisos se deja notar por el Paseo del Carmen. Hora es de recoger bártulos. La noche del miércoles será otra cosa. Amén de ameno.