Afirman los investigadores que la radiación ultravioleta favorece que las células de la piel produzcan grelina, una hormona que aumenta la sensación de hambre. En eso estábamos pensando, alrededor del tablao de la feria, lugar tradicional para el encuentro feriante tanto de a pie como de a caballo o carruaje. Es, además, círculo de reflexión al aire libre, alejado de estrecheces entre lonetas con excesivos aromas de sudores y vapores de alcohol.
Con un cielo de lejanía tormentosa, pero soleado bajo el paraguas del desusado escenario circular, llegó la sensación de la subida de nivel de grelina, o lo que es lo mismo, sentirse esmayao con movimiento acompasado de tripas. Hora pues de buscar acomodo en cualquier salón cubierto y farolilleado para contrarrestar la jambre, que se decía antes. Claro, la de antes no es la de ahora. Aquella, según cuentan los viejos del lugar, se paseaba por la feria con recato, para que no se notara mucho. Y hasta hace poco, lo hacía disfrazada de talega, con tortilla familiar y algún que otro filetito empanado. Como los tiempos cambian, hoy, bajo el alancha, comparto mesa y mantel con amistades. Tras profunda reflexión. Allá va la comanda.