No fue uno de los jueves del año de los que relucen más que el sol, como dice el refrán popular, sino que fue un domingo de pletórica luz, de la que Arpa y Manolín dejaron constancia en sus lienzos cada primavera. Esta mañana era distinta a todas por el viario de intramuros. Tan sólo cruzar la puerta de poniente, el aroma a juncia y romero dejaba constancia de día especial para todos los carmonenses, creyentes o no, porque la ciudad se hace magna en cada rincón, civil o religioso en día de Corpus Christi.
Música, arte e historia se conjugaron para magnificar la tradición popular y la religiosidad bajo un sol de justicia. Y entre luces y sombras, las calles céntricas del distrito de Santa María eran atractivos para el vecindario en general y grupos de turistas que no dejaron pasar la ocasión de llevarse un recuerdo en el móvil. Así, zaguanes, escaparates, pórticos y ventanales fueron reclamo y altares domésticos que se sumaron a los propiciados por las hermandades eclesiásticas.
Poco a poco, las calles fueron adquiriendo protagonismo con un público expectante para disfrutar del cortejo tras la función religiosa de la prioral. Así, un total de cinco pasos y la histórica custodia de Alfaro bajaron de la lonja para iniciar un cortejo con un extenso acompañamiento de entidades religiosas y civiles. Así, se pudo contemplar la imagen de Sor Ángela portada por la comunidad educativa del Colegio de la Hermanas de la Cruz; la reliquia del santo carmonense San Juan Grande; el patrón de Carmona, San Teodomiro; la Virgen de la Encarnación, el Niño Jesús del Delce Nombre y la Custodia. Con acompañamiento musical de bandas de cornetas y tambores, la procesión marcó durante todo el recorrido un sello inconfundible de solemnidad y festividad popular.
Una jornada cargada de singularidad, en la que no faltaron detalles en cualquier rincón al paso de la procesión. Enseres, orfebrería, musicalidad, decoración... hasta nostalgia, como la de ver de nuevo el trenzado del "látigo" infantil con la juncia del pavimento.