EL MATACÁN: Triscalaero

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Triscalaero



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     Aún perduran palabras -pocas por desgracia- de uso popular con significado localista sin disponer de refrendo en diccionarios oficiales o clandestinos. Una de ellas es la que da título al presente matacán: triscalaero. Podíamos añadirle una d, por aquello que pudiese estar desvirtuada por el tiempo y por la brevedad que imprimimos los andaluces en el recorte o pérdida de esta letra, lo que los técnicos en lenguaje llaman elisión. Después de un profundo debate entre los miembros de la muy sabia y noble Academia Carmonense de las Letras (ACL), llegamos a la conclusión que triscalaero es propia de Carmona. Si dispone usted, como lector, de alguna aportación sobre la misma tras la lectura del artículo de hoy, no dude en enviarla a través de comentario o por correo electrónico, pues nuestra pasión por Carmona llega a límites insospechados. Ah, que le suena eso de “Pasión por Carmona”, pues para no incurrir en plagio cateto lo cambiamos por pasionistas y redentoristas carmonenses, ajenos a cualquier congregación religiosa o de poder.


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     Incluso de consulta con la IA, seguimos con el intríngulis de nuestro vocablo en cuestión. Así que, a través de la introspección colectiva llegamos al siguiente análisis por eliminación de propuestas. Desechamos que triscalaero fuese una confusión o mezcla de palabras, por lo que nos inclinamos hacia las que tuviesen relación con lugar próximo al barrio con amplitud y desnivel del terreno. Tal decisión viene amparada por la expresión vecinal, ya en desuso casi por completo, de “los niños están jugando en el triscalaero”. Lo de “riscal”, como sitio lleno de riscos, y “despeñadero” tampoco contaron con adeptos. Sin embargo, lo de “resbaladero” sí consiguió partidarios para incluirla como pista para dilucidar entuertos. El hecho de deslizarse, cual tobogán infantil por las proximidades del escarpe fue suficiente antorcha de orientación.


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     Andábamos en la ACL enfrascados en la resolución lingüística, cuando uno de los académicos –casi siempre el mismo que echa mano al Google cual pistolero del viejo Oeste- desplegó sapiencia enlatada para aportar novedades con pedigrí. Su intervención dio rienda suelta a todo el foro, cuando ponía en conocimiento general que triscalaero tiene nombre propio, según se desprende de un vídeo local en el que se hace referencia con título: “Recuperación de las minas del Triscalaero”. De interés para el mundo espeleólogo, el reportaje nos trasladaba a un enclave archiconocido por los carmonenses que no es otro que la vaguada donde se asienta la ermita de Gracia.

 

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     Esta contribución acentuaba la tesis de que el vocablo triscalaero tiene relación estrecha con un lugar con pendiente pronunciada y, por tanto, la posibilidad de ampliar conocimientos sobre si se trata de un paraje específico o de escenarios distintos. También dilucidar su situación a largo del escarpe de extramuros carmonense y sus singularidades es misión para académicos apasionados de la Cultura. Así, pues, en aras de una sociedad dinámica como la de Carmona, o al menos así se vende en determinados círculos de moda por aquello del Patrimonio Mundial, desplegamos como reto el campo lingüístico autóctono como elemento singular del paisaje. De momento, a la espera de una nueva cita con nuestro particular diccionario, saco caballete de campaña, lienzo y sombrilla, mientras, al vuelo, una pareja de quíquilis se aventuran por el triscalaero del albollón.