Aquella profesión que tanto se distinguió en Carmona por ser de vital importancia para la economía local, como suministradora de alimentos básicos de la tierra y mano de obra agrícola, aún perdura en pequeña escala, casi minúscula, pero de sumo interés social.
El hortelano carmonense del siglo XXI mantiene su bandera como reliquia de un territorio que se circunscribe a una amplia parcela situada en el polígono El Pilero de Carmona, en el que en su día fue campo y huertas, lindera, precisamente, con la Oficina Comarcal Agraria (OCA), el organismo público autonómico que presta servicios y asesoramiento al sector agropecuario de la comarca.
En este recinto cargado de naturaleza, un total de 48 huertos de 55 metros cuadrados sirven como espacio de integración comunitaria, terapia ocupacional y educación ambiental, entre otros beneficios sociales que tiene como hortelanos a otros tantos jubilados carmonenses; unos con antecedentes laborales en la agricultura, "la mayoría criaos en el campo" y otros conocedores del oficio por cercanías con el entorno.
Cada huerto tiene su sello personal, como el de Manuel Cabello "Lolo", que abre a la Revista las puertas de su yacimiento ecológico de tesoros, del que cuelgan vistosas calabazas. Con orgullo, nos enseña y rescata bajo la matas algunas de sus joyas: melones que ya están casi a punto.
Rodeados de naturaleza viva, se siente realizado en su quehacer. "Ahora venimos a diario porque con las calores hay que regar las plantas continuamente. Este año no ha habido problemas de agua, tenemos de sobra", puntualiza. Las siembras de temporadas están a la vista: tomates, pimientos, calabazas, berenjenas, pepinos...
Todos las frutas y hortalizas son para consumo personal, afirma Manuel. "No se pueden vender, son para la familia". Una familia que se extiende a toda la comunidad de hortelanos. "Tenemos un grupo de guasap, con el que nos informamos de todo lo que pasa. Todos nos llevamos muy bien". El coste de cada huerto es de seis euros al mes, "una cuota que pagamos al Ayuntamiento, que es un regalo".
La clave de este modelo de integración comunitaria se hace evidente: "Estamos muy a gusto; tenemos nuestras charlas, sentados hasta por la noche: Somos una familia de pensionistas" concluye Manuel, mientras exhibe con orgullo toda su cosecha ecológica y tesoro social.