Hay liturgias que merecen la pena compartir en Carmona. Una de ellas es, sin duda, el mercadillo de los lunes; un reencuentro con el vecindario ajeno a la sofisticación de los centros comerciales cargados de publicidad artificial. Están de moda los mercados medievales, árabes, mozárabes, romanos y... desde siempre, los contemporáneos; los que en cada localidad tienen fijada la jornada semanal.
El de Carmona levanta campamento el primer día de la semana, con el que se rompe el descanso dominical y se da actividad laboral propicia para acudir a la llamada de la venta ambulante que fija plaza en una particular y Real calle: La del infierno en días de Feria.
Fuera de esta festividad, es una amplia parcela, que sirve de aparcamiento el resto de la semana, que acoge los lunes a unos sesenta puestos de venta. El trasiego de personal lo hace más atractivo porque propicia, además del efecto comprador, el del encuentro y la relación vecinal.
En esta acampada comercial y típico bulevar se ofrecen todo tipo de productos que van desde los comestibles, a los de hogar, tejidos, confección y un largo etcétera, en el que la demanda se hace notar en algunos como en los que se venden frescos, de la huerta.
La luz natural, de los viarios le da un encanto especial y los matices de colores en los puestos recrean más aún el ambiente. Si a este escenario se añade algún que otro pregón... ¡Culotes, piratas... de todas la tallas! El argumento está servido para cualquier apunte literario.
En este contexto nos acercamos a dos protagonistas: El vendedor y el comprador. El primero nos aclara que la mayoría de los puestos son de gente de pueblos de la provincia y pocos de residentes en Carmona. El empresario ambulante se llama Manuel Romero, es de Alcalá de Guadaira y vende ropa en un amplia carpa con gran surtido y precios muy asequibles. Considera que la tarifa que se paga en Carmona es "de las más altas de la provincia", y califica el mercadillo "de diverso en oferta y sin competencia entre los vendedores". Señala que las relaciones con los agentes del Ayuntamiento "son buenas, hay algún que otro problema con el tráfico en zonas concretas, pero en conjunto no nos podemos quejar". Aunque también reivindica, "servicios, probadores e infraestructuras, que son posibles de atender con las ayudas europeas que se destinan para el sector".
Un segundo actor partícipe de este argumento social es el comprador. Aunque en su mayoría, la clientela femenina supera con creces a la masculina, ésta tiene algunas particularidades. Es el caso de José Mª Gutiérrez, fiel a la cita semanal cual ritual propicio para estudio sociológico. El hecho de acudir al mercadillo de los lunes supone "un inicio de semana y horario de transición antes de afrontar la actividad laboral", afirma. Este paréntesis previo, "ayuda a afrontar el trabajo de atención en el despacho diario con mayor organización y comunicación". En el ritual, tampoco falta, lo saludable de desplazarse a pie desde el casco histórico y, como no, "degustar una copita de 'Los Hermanos' en el Pata Negra", concluye con ironía, para continuar con la compra de verduras y hortalizas de temporada. El mercadillo de la Calle del Infierno hace de cada lunes en Carmona un pedacito de cielo.