
Bajo un proyecto de rotonda
El borrico bien cargado sube apretado por las rampas de la Cuesta de la Ermita, camino de la Puerta de Córdoba, a pie del Alcázar. Hay sillares a modo se señalización sobre el paso de la fábrica de canalización de las escorrentías, construida para no erosionar el camino. La estructura y su entorno quedó para la historia en esta imagen en blanco y negro de fecha y de autor desconocido, hasta ahora.

Hoy, vuelve a la actualidad. Son los mismas bóvedas, los mismos ladrillos unidos por el mortero de cal en el cruce de caminos que permitían el paso de los flujos de lluvia bajo rasante del sendero vecinal, evitando que la vía se convirtiera en un torrente intransitable.
El devenir de los tiempos dejaron sepultados en Carmona numerosos enclaves como el que nos ocupa. Aquel camino de tierra es hoy asfalto con acerado lateral para senderistas urbanos. No quedan burros con los que aliviar la carga, salvo uno que se asoma cual reliquia zoológica frente a la casilla del peón caminero.

Los arcos de ladrillos del abovedado nos dejan fidelidad de rumbo y viario a seguir. No hacían falta letrero alguno: o para la Puerta de Córdoba o para el Caminito de San Mateo.