Las perspectivas de que los peritos encargados de dar luz en el juicio sobre la muerte de Ana Buza, lejos de conseguir este objetivo, dejaron claro que el rigor científico tiene serias discrepancias entre los propios especialistas y deja en el aire algunas interrogantes. No se trata de un guion cinematográfico el que se desarrolla en la sala 2 de la Audiencia Provincial de Sevilla, sino el esclarecimiento de unos hechos que se llevaron la vida de una joven carmonense que comenzaba a vivirla en su plenitud.
Más de siete horas duró la sesión de ayer en la que cuatro expertos -dos de la Guardia Civil y dos peritos de la acusación particular- litigaron con argumentos científicos lo sucedido aquel fatídico 7 de septiembre de 2019 en una carretera próxima a Carmona y expusieron sus conclusiones casi en un careo profesional. Así, para los primeros “no hay ninguna prueba objetiva” de que fuese atropellada, como defiende la familia Buza; para los segundos, la versión del suicidio “no hay por donde cogerla”.
A partir de estas posiciones especializadas, los presentes en la sala pudieron escuchar todo tipo de argumentos en relación a la reconstrucción del suceso, que dejaron más interrogantes en el aire.
De una parte, los miembros de la Guardia Civil (ERAT) describieron las heridas sufridas por Ana que coinciden con los salientes de los quitamiedos, por lo que un atropello a 120 km/h hubiese producido lesiones de mayor gravedad. Sobre lo analizado en el vehículo reiteraron que los desperfectos observados se corresponden con el choque con la bionda de la mediana y no de un atropello. A estos detalles, le siguieron la no existencia de restos biológicos y si un reguero aparecido en el arcén; detalles de la puerta trasera y, entre otros, la emulación realizada de la escena con un coche a 117 km/h. indicaron que la puerta del coche sí se puede abrir, completaron su peritaje del caso.
Desde la acusación particular los peritos rebatieron lo expuesto por los miembros de la Guardia Civil y su reconstrucción: “No hay por donde cogerla” afirmaron. “No hay nada, ni una huella, ni un vestigio indicativo de que Ana se tirara del coche”. A la velocidad que iba “te desollas. No hay arañazo en las piernas, ni en muslos y la espalda estaba intacta” y que el vehículo chocó contra el quitamiedos y la mediana.
En opinión de los especialistas la joven no pasó por debajo de la bionda, sino que fue impulsada por arriba tras ser atropellada: “Hay pilares cada dos metros por lo que se habría desmembrado, como le pasa a los motoristas”. Con contundencia, un segundo perito lo explicitó con mayor clarividencia al firmar que “Ana iba andando por el arcén con la mochila en los hombros sí o sí”. Después la atropelló y la mató.
Habrá que esperar a nuevos informes y testimonios de especialistas científicos en otras materias para conocer el veredicto final de los miembros del jurado para conocer de qué parte estuvo la Ciencia en manos de los hombres.