La obra del escultor e imaginero carmonense, Francisco Buiza, fue ayer protagonista del Sábado Santo en la procesión con la que la Hermandad del Santo Entierro pone cierre a una Semana Santa de gran intensidad popular.
La Humildad y Paciencia, Nuestro Padre y el Cristo de los Desamparados dejaron huella cofrade y cronología bíblica en una jornada que recobró popularidad y trasiego de día festivo secular, desde el mediodía al filo de la madrugada y de barrio a barrio de Carmona.
Una pintura de finales del siglo XIX , del joven Jorge Bonsor, nos da argumento para la actualidad que vive la Semana Santa de Carmona en el siglo XXI. Ayer, Jesus en la Columna y la Virgen de la Paciencia fueron protagonista de una manifestación popular de memoria permanente.
La Quinta Angustia acaparó la luz de la tarde para el Cristo del Descendimiento y la Virgen de las Angustias y dio rienda suelta al vecindario de San Francisco para acompañar a sus más entrañables imágenes en el tramo más hogareño del itinerario. La procesión reune dos tallas escultóricas unidas por un vínculo común -maestro y alumno- genios de la imaginera sevillana: Castillo Lastrucci y Antonio Eslava.
El reencuentro de la Hermandad de la Expiración con los carmonenses, tras años de susencia, puso ayer mayor emotividad a un Martes Santo repleto de sensaciones y recuerdos; entre ellos, el de Antonio Eslava, escultor paisano y artífice de una obra maestra de la imagineria andaluza, con motivo del cuarenta aniversario de su fallecimiento.
La torre de San Felipe, aún revestida de red protectora, fue de nuevo espectadora de la salida anual de su universal e ilustre huesped: el Señor de la Amargura. Junto a la imagen de su madre, la Virgen del Mayor Dolor, los titulares de la cofradía estudiantil dejaron huella bajo los arcos y arquillos de la Carmona patrimonial.